Diseño UX/UI en Chile: para equipos que tienen devs y no tienen diseñador

Diseñamos experiencias e interfaces para productos, apps y plataformas de empresas chilenas: claras para el usuario, consistentes para tu marca y con un sistema de componentes que tus desarrolladores puedan sostener solos. Con una parte que en Chile ya no es opcional: los flujos de datos personales que la Ley 21.719 exige desde el 1 de diciembre de 2026. Desde USD 2.500.

El producto lo diseñó quien lo programó

No está mal hecho: está hecho desde adentro. Cada funcionalidad nueva se resolvió donde había lugar en la pantalla, y después de dos años el producto tiene todo lo que prometía y hay que explicarlo en cada demo. Se nota en cosas concretas: el equipo comercial arma tutoriales por su cuenta, soporte contesta siempre las mismas cinco preguntas, y las funciones que más costó construir son las que nadie encuentra.

Diseño de producto donde el usuario está de verdad

Un producto digital chileno no se diseña igual que uno hecho para el mercado global. Cambian los datos que tenés que pedir, cambia quién los protege, cambia dónde está parado el usuario cuando abre la app, y desde diciembre cambia qué te obliga la ley a poner en pantalla. Nada de eso se resuelve traduciendo un template.

Santiago: equipos que tienen desarrolladores y no tienen diseñador de producto. Es el patrón que más vemos en el ecosistema de fintech, healthtech, SaaS B2B y logística, y también en las plataformas internas de las empresas grandes del circuito de Providencia, Las Condes y Ciudad Empresarial. La empresa tiene talento técnico de sobra, pero sumar un diseñador de producto full-time recién se justifica bastante después de que se empezó a necesitar. Entramos por proyecto o por etapa, resolvemos el rediseño y el sistema, y nos vamos dejando la documentación adentro de tu equipo. No creamos una dependencia: cerramos un hueco.

Regiones, donde el usuario final no está sentado en un escritorio. En Concepción, con su ecosistema universitario y el software para la industria; en Valparaíso y Viña del Mar; y sobre todo en el norte —Antofagasta, Calama, Iquique—, donde una parte enorme del software se usa en faena: con guantes, con el celular a media luz, con conectividad intermitente y en turnos largos. Ahí las decisiones de diseño son otras: tamaño de los toques, contraste real y no el del monitor de la oficina, estados de "sin conexión" que digan qué se guardó y qué no, y formularios que aguanten que alguien los deje por la mitad. Si tu producto se usa en terreno y se diseñó mirando una pantalla de 27 pulgadas en Santiago, la brecha se paga en errores de carga.

El RUT, que rompe más formularios que ninguna otra cosa en Chile. Parece un detalle y es una de las causas más comunes de abandono en un alta. El dígito verificador puede ser una K, así que un campo que solo acepta números rechaza a un porcentaje de tus usuarios sin explicarles por qué. Además cada persona lo escribe distinto —con puntos, sin puntos, con guion, en minúscula— y la validación tiene que normalizar en vez de retar. Después está el orden: el RUT se pide cuando hace falta para facturar, no en el primer paso para "conocerte", porque en ese momento todavía no te ganaste el derecho a pedirlo. Lo mismo con las direcciones, que en Chile se piensan por comuna y región: un selector genérico de "provincia / estado" delata en dos segundos que el producto no se hizo acá.

Accesibilidad: obligación para el Estado, ventaja para vos. Conviene decirlo con precisión, porque circula mal: en Chile la accesibilidad web es exigible a los órganos de la Administración del Estado —el Decreto Supremo N.º 1 de 2015 aprobó la norma técnica sobre sus sistemas y sitios web—, y no hay una obligación equivalente para las empresas privadas. Dos consecuencias prácticas. Si tu producto lo compra o lo usa un organismo público, la accesibilidad te va a llegar como requisito del proceso de compra y conviene resolverla antes de que aparezca en unas bases. Y si vendés solo a privados, no te obliga nadie: por eso casi nadie lo hace, y por eso es de las pocas cosas que todavía diferencian un producto. Nosotros diseñamos con criterios de accesibilidad —contraste, foco visible, jerarquía, tamaños, formularios que se pueden completar con teclado— como parte del trabajo, no como un extra que se cotiza aparte. Lo que no hacemos es vender certificaciones de cumplimiento.

Cómo trabajamos desde acá. Somos un estudio uruguayo y el proyecto es 100 % remoto: en verano chileno estamos en la misma hora que Santiago y en invierno hay una hora de diferencia, así que las reuniones de producto pasan cuando tu equipo está trabajando, no de madrugada. Proyectos desde USD 2.500 según el alcance, cotizados en dólares. Si sos agencia o software factory chilena y lo que necesitás es capacidad de diseño recurrente detrás de tu marca, mirá el esquema white label. Y si además de producto necesitás sitio corporativo, está diseño web en Chile.

La Ley 21.719 no te va a llegar como un documento legal. Te va a llegar como un backlog

La Ley 21.719 de protección de datos personales entra en vigencia el 1 de diciembre de 2026 y aplica a cualquier organización que trate datos personales, sin importar el tamaño. Casi todo lo que vas a leer sobre ella explica qué exige. Lo que casi nadie dice es que buena parte de eso no se resuelve escribiendo un documento: se resuelve diseñando pantallas y estados que hoy tu producto no tiene. Estos son los cinco.

  1. 01

    El alta: consentimiento por acción afirmativa

    El consentimiento tiene que ser libre, informado, específico e inequívoco, lo que en pantalla significa nada premarcado y ningún "al continuar aceptás" haciendo de casilla invisible. Y específico es la palabra cara: si estás pidiendo tres cosas distintas —crear la cuenta, mandarte novedades y compartir datos con un tercero—, son tres decisiones separadas, no una. Es diseño de formulario, no redacción legal.

  2. 02

    La baja: revocar tan fácil como aceptar

    Si el permiso se dio con un clic, se tiene que poder retirar con un clic y por un mecanismo equivalente al que se usó para darlo. En la práctica eso es una pantalla concreta dentro de la cuenta —"tus datos y tus permisos"— donde cada consentimiento se ve, se entiende y se apaga. No un correo a soporte, ni un formulario escondido en el pie de página.

  3. 03

    El bloqueo: dos días hábiles, y es una función que no existe

    Este es el punto que casi no aparece en el contenido que circula. El plazo general para responder los derechos del titular —acceso, rectificación, supresión, oposición, portabilidad— es de 30 días, prorrogable una sola vez. Pero cuando el pedido incluye el bloqueo temporal, o sea suspender el tratamiento mientras se resuelve el fondo, el plazo baja a dos días hábiles. Traducido a producto: necesitás un estado que casi ningún sistema tiene, el de un usuario que existe, no está borrado y no se puede tratar. Hay que diseñarlo entero: qué ve él, qué ve tu equipo, y qué pasa con todos los procesos automáticos que lo tocan —mails, scoring, notificaciones, reportes—. Y sobre todo quién aprieta el botón: si depende de un desarrollador con acceso a la base, dos días hábiles no se cumplen.

  4. 04

    La portabilidad: una pantalla y un archivo

    El titular puede pedir una copia de sus datos en un formato electrónico estructurado para llevárselos a otro proveedor. Eso es una funcionalidad, no una cláusula: hay que decidir qué se exporta y qué no, en qué formato, cómo se entrega, cuánto tarda, y cómo verificás que quien lo pide es realmente esa persona. Todo eso son pantallas.

  5. 05

    Cada campo del formulario tiene que justificarse

    La ley trae los principios de minimización y de protección desde el diseño y por defecto: se piden los datos necesarios para la finalidad declarada, y nada más. Y acá va una particularidad chilena que conviene mirar dos veces: en Chile la situación socioeconómica del titular está tratada como dato sensible, algo que no es común en otras legislaciones, y los datos sensibles tienen un régimen reforzado. Si tu onboarding pregunta tramo de renta, previsión, AFP o capacidad de pago —cosa habitual en fintech, seguros, salud y retail con crédito—, ese campo dejó de ser un campo más.

Dicho con todas las letras: no somos abogados y esto no es asesoría legal. El criterio jurídico, la calificación de tu empresa y los plazos exactos los define quien te asesora, y conviene que los confirme antes de que tomes decisiones de producto sobre esto. Lo que sí es nuestro trabajo es la parte que vive en la interfaz, y que quede operable: que los textos de consentimiento se editen sin abrir un ticket, que exista la pantalla de permisos, que el bloqueo y la exportación sean funciones que tu equipo de soporte pueda usar, y que nada de eso dependa de un programador cada vez.

Si lo que tenés es un sitio web y no un producto, el equivalente está en la guía abierta Ley 21.719: qué tiene que tener tu sitio web antes del 1 de diciembre, y en cómo lo dejamos preparado en diseño web en Chile. Y como esto no se cumple una vez sino todos los meses, mirá también qué implica sostenerlo.

En Chile, dar de baja tan fácil como dar de alta ya es ley

En casi todo el mundo, "que cancelar sea tan simple como contratar" es una buena práctica de diseño que se discute en una reunión y pierde contra el número de retención. En Chile dejó de ser una discusión de diseño: la Ley 21.398, que modificó la ley del consumidor, estableció que el consumidor pueda poner término al contrato por el mismo medio que usó para contratarlo, que el proveedor tenga que informarle cuáles son esos medios, y que no se le puedan exigir condiciones más gravosas ni procedimientos más complejos que los de la contratación.

Traducido a interfaz: si alguien se suscribió con tres clics en tu web, la baja no puede ser un llamado telefónico en horario hábil, ni un correo que se responde en cinco días, ni un formulario que pide adjuntar documentación. Tampoco se puede condicionar a que primero pague lo pendiente o devuelva un equipo — la deuda se cobra por su lado, pero no se usa como puerta. El dato que mejor describe cómo estaba diseñada la salida en la industria chilena es que el propio SERNAC terminó poniendo en línea una plataforma llamada Me Quiero Salir para que la gente pudiera terminar contratos.

Lo interesante para quien diseña producto es lo que eso significa: es, en los hechos, una prohibición de dark patterns escrita en una ley de consumo. La retención por fricción —el botón escondido tres niveles adentro, el flujo de cinco pasos, el "¿estás seguro?" cuatro veces, la oferta que aparece justo antes del último clic— dejó de ser una táctica discutible para volverse un riesgo concreto. Y conviene revisarlo antes de que llegue un reclamo, no después.

Nuestra postura acá no es solo de cumplimiento, porque una baja bien diseñada es de las pantallas más rentables del producto: es el único momento en que el usuario te va a decir con exactitud por qué se va. Ahí sirve preguntar de verdad, ofrecer pausar en vez de cancelar cuando tiene sentido, decir con claridad qué pasa con sus datos y dejar la puerta abierta para volver. Alguien que se pudo ir en dos clics vuelve; alguien que tuvo que pelear para salir, no vuelve nunca y lo cuenta. El alcance exacto y qué contratos alcanza, confirmalo con tu asesor legal.

Claridad para el usuario, sistema para tu equipo

Claridad primero

Flujos simples y jerarquía real, decididos por cómo se usa el producto y no por dónde había lugar en la pantalla.

Los flujos de datos, diseñados

Consentimiento, permisos, bloqueo, exportación y baja como pantallas que existen, no como párrafos en un PDF.

El sistema queda tuyo

Librería de componentes documentada, en la cuenta de tu empresa y a tu nombre. Se sostiene sin llamarnos.

Handoff que tus devs usan

Estados, errores, vacíos y casos límite especificados. Sin adivinanzas y sin idas y vueltas.

Qué incluye

  • 01Auditoría del producto actual: flujos críticos, dónde se abandona y qué deuda de interfaz se arrastra.
  • 02Investigación y definición de flujos (UX) con tus usuarios y tu equipo de soporte, que es quien sabe qué se rompe.
  • 03Wireframes y prototipos navegables para validar antes de que se programe.
  • 04Diseño de interfaz (UI) y sistema de componentes documentado, en la cuenta de tu empresa.
  • 05Los flujos de datos personales de la Ley 21.719: alta con consentimiento específico, pantalla de permisos, bloqueo, exportación y baja.
  • 06Handoff para desarrollo con tokens, estados y casos límite — y front-end alineado al sistema cuando aplica.

Para quienes construyen producto en Chile

Equipos de producto chilenos

Fintech, healthtech, SaaS B2B y plataformas internas de retail e industria: tienen desarrolladores, no tienen diseñador de producto y necesitan llegar a diciembre con los flujos resueltos.

Software factories y agencias chilenas

Que quieren tercerizar UX/UI y front-end sin frenar el delivery ni sumar equipo propio. Detrás de tu marca, con tu cliente.

Ver Partners / Resellers

No se puede rediseñar un flujo que no controlás

Esto no es para quien está construyendo un producto desde cero, sino para el caso que nos llega bastante seguido: una plataforma armada sobre WordPress y WooCommerce con quince plugins encima, y un pedido de "mejorar la experiencia". Se puede hacer bastante. Pero conviene entender de entrada por qué hay un techo.

El problema no es estético, es de autoría. En un armado por plugins, cada tramo del recorrido lo diseñó una persona distinta que no conoce a las otras: el formulario de contacto lo dibuja el plugin de formularios, el checkout lo dibuja el de checkout, el popup de suscripción lo dibuja el de marketing, el banner de cookies el suyo, y el panel de cuenta viene con el tema. Lo que ve tu usuario no lo eligió nadie: es la suma accidental de cinco decisiones de diseño ajenas, tomadas por gente que nunca vio tu producto. Se puede maquillar con CSS —y lo hacemos cuando es lo que corresponde—, pero no se puede rediseñar de verdad, porque la pantalla no es tuya. Y cada actualización puede devolverla a como estaba.

Ahora eso tiene una consecuencia con fecha. Los cuatro flujos de los que habla esta página —consentimiento, revocación, bloqueo y exportación— atraviesan todas esas piezas, y cada plugin guarda sus datos por su cuenta. Cuando alguien te pida que borre los suyos, la pregunta difícil no va a ser cómo se diseña la pantalla: va a ser en cuántos lugares están. Ese inventario, en un armado por acumulación, nunca existió. La salida que elige mucha gente es instalar dos plugins más —uno de cookies y otro de consentimiento—, o sea resolver un problema causado por acumular piezas acumulando dos piezas.

Los dos caminos honestos, y te decimos cuál te conviene: si lo tuyo es una tienda, empezá por el diagnóstico de por qué mi WooCommerce se rompe y mirá la migración a una plataforma operable —en Chile eso normalmente es Shopify, o Tiendanube si el catálogo es chico—. Si lo tuyo es una plataforma de verdad y no un e-commerce, entonces el rediseño tiene sentido cuando el equipo es dueño del código de las pantallas: ahí trabajamos sobre tu producto y no sobre plugins. Y si por ahora hay que sostener lo que existe, está el plan de mantenimiento en Chile. Lo que no hacemos es vendernos como proveedores de WooCommerce.

Preguntas frecuentes sobre UX/UI en Chile

¿Cuánto cuesta un proyecto de diseño UX/UI en Chile?

Los proyectos parten de USD 2.500 y se cotizan según el alcance real del producto: no cuesta lo mismo ordenar el onboarding y el panel de cuenta de una app existente que rediseñar una plataforma entera con su sistema de componentes. Trabajamos por etapas y cotizamos en dólares, así que sabés el costo de cada tramo antes de empezarlo. La primera conversación y la propuesta no tienen costo.

¿Qué tiene que cambiar en nuestro producto por la Ley 21.719?

En términos de interfaz, cinco cosas: el alta con consentimiento específico y nada premarcado; una pantalla de permisos donde revocar sea tan simple como haber aceptado; un estado de bloqueo temporal —que el plazo corto obliga a que pueda ejecutar tu equipo de soporte, no un desarrollador—; una función de exportación de los datos del usuario en formato estructurado; y una revisión campo por campo de qué datos pedís y para qué. No damos asesoría legal: el criterio jurídico lo pone tu abogado y conviene confirmar plazos y alcance con él. Lo nuestro es que esos flujos existan y los pueda operar tu equipo.

¿El sistema de diseño queda a nombre nuestro o de ustedes?

Tuyo, y no es negociable de nuestro lado. El archivo de diseño y la librería de componentes viven en la cuenta de tu empresa, con tu equipo como propietario y nosotros como colaboradores mientras dure el proyecto. Lo mismo con la documentación. Es la misma postura que tenemos con el dominio y los accesos: un proveedor que se queda con la llave no te está dando un servicio. Si mañana trabajás con otro estudio, tenés que poder seguir sin pedirnos permiso.

Tenemos el producto en producción. ¿Se puede rediseñar sin frenar el desarrollo?

Sí, y es el caso más común. No trabajamos con un rediseño de "todo o nada" que obligue a congelar el roadmap: se define el sistema de componentes primero, se prioriza por flujos —normalmente onboarding y la pantalla donde el usuario pasa el 80 % del tiempo— y cada tramo se entrega listo para implementar mientras tu equipo sigue avanzando en lo suyo. El objetivo es que en ningún momento haya dos productos conviviendo por más tiempo del necesario.

¿Es obligatorio que nuestro producto sea accesible en Chile?

Para las empresas privadas, hoy no: en Chile la exigencia de accesibilidad web recae sobre los órganos de la Administración del Estado, a partir de la norma técnica aprobada por el Decreto Supremo N.º 1 de 2015. Ahora bien, si tu producto lo compra o lo usa un organismo público, la accesibilidad te va a llegar igual como requisito del proceso de compra. Nosotros diseñamos con criterios de accesibilidad —contraste, foco visible, jerarquía, tamaños táctiles, formularios navegables con teclado— como parte del trabajo y no como un extra; lo que no hacemos es emitir certificaciones de cumplimiento.

¿Diseñan también el flujo de cancelación y de baja?

Sí, y en Chile es de las primeras cosas que miramos. La Ley 21.398 estableció que el consumidor pueda terminar el contrato por el mismo medio con que lo contrató y que no se le exijan condiciones más gravosas ni procedimientos más complejos que los de la contratación. O sea que la retención por fricción dejó de ser una táctica discutible. Además es una pantalla rentable: es el único momento en que el usuario te dice con precisión por qué se va, y conviene aprovecharlo para ofrecer una pausa en vez de una cancelación cuando tiene sentido.

Somos una fintech y pedimos datos de renta. ¿Eso cambia el diseño?

Bastante, y es una particularidad chilena que conviene tener presente: en Chile la situación socioeconómica del titular está tratada como dato sensible —algo que no es habitual en otras legislaciones— y los datos sensibles tienen un régimen reforzado. Si tu onboarding pregunta tramo de renta, previsión, AFP o capacidad de pago, eso cambia cuándo lo pedís, cómo lo justificás en pantalla y qué consentimiento necesitás. Es una decisión de diseño de formulario antes que un tema de backend. La calificación exacta de cada dato la confirma tu asesor legal.

Que tu producto sea tan bueno de usar como de mostrar.

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