Cuánto tarda hacer una página web: el cronograma real y qué lo atrasa

Un sitio institucional lleva entre 3 y 6 semanas. Pero el número solo no sirve, porque lo que decide si se cumple casi nunca está de nuestro lado: está en los contenidos, en quién aprueba y en accesos que nadie encuentra. Acá está el cronograma completo y el checklist de lo que tenés que tener listo.

Por qué “dos semanas” casi nunca son dos semanas

Preguntás cuánto tarda y te dicen un número corto, porque un número corto vende. El problema no es que sea mentira: es que ese número mide una sola parte del trabajo —la nuestra— y deja fuera la que en la práctica se lleva la mitad del calendario, que es la tuya.

En un proyecto web hay dos relojes corriendo en paralelo y solo uno se cotiza. El primero es el del estudio: diseñar, maquetar, probar. Ese es bastante previsible y es el que se estima bien. El segundo es el del cliente: juntar los textos, conseguir las fotos, decidir qué servicios van y cuáles no, conseguir que el dueño mire la propuesta, encontrar quién tiene el acceso al dominio. Ese segundo reloj es el que se lleva los proyectos por delante, y casi ningún presupuesto lo pone por escrito.

El resultado es una conversación incómoda que se repite en todos lados. El estudio dice que el sitio estuvo listo en tres semanas; el cliente dice que tardó cuatro meses. Los dos tienen razón: pasaron tres semanas de trabajo y tres meses de espera, repartidos en tramos de diez días esperando un logo en buena calidad. Nadie mintió y sin embargo la experiencia fue mala, porque nunca se acordó de entrada quién tenía que entregar qué y cuándo.

Nosotros lo escribimos al revés y no por prolijidad: en la propuesta van las dos columnas, lo que hacemos nosotros y lo que tenés que mandar vos, cada una con su fecha. No es para tener con qué defendernos si algo se atrasa. Es porque un proyecto donde las dos partes saben qué deben es el único que termina cuando dijo que iba a terminar.

Las cinco etapas, y qué traba cada una

Este es el proceso con el que trabajamos, y para cada etapa está escrito lo que en la práctica la frena. Si conocés el punto de traba de cada una, podés desactivarlo antes de que ocurra: ahí es donde de verdad se gana tiempo.

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Descubrimiento

Entender qué vendés, a quién y qué tiene que lograr el sitio. Es la etapa más corta en calendario y la que más determina el resultado: acá se define cuántas secciones distintas va a haber, que es la variable que manda sobre el plazo y sobre el precio. Lo que la traba: que no esté claro internamente qué se quiere. Si en la empresa hay dos visiones distintas del sitio, esto no se resuelve diseñando: se resuelve decidiendo, y esa decisión es tuya. Cuando aparece tarde, reabre todo lo anterior.

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Estructura

Definir qué páginas hay, qué va en cada una y en qué orden, antes de que nadie dibuje nada. Es la etapa más subestimada por los clientes y la que más tiempo ahorra después: mover una sección acá cuesta minutos y en la etapa siguiente cuesta días. Lo que la traba: intentar aprobar la estructura sin tener idea de los contenidos. Si nadie sabe todavía si va a haber sección de equipo, la estructura no se puede cerrar y todo lo que sigue queda con una pata en el aire.

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Diseño

Acá aparece el sitio de verdad: las pantallas, la tipografía, el color, cómo se ve en el celular. Es la etapa más visible y por eso todo el mundo cree que es la más larga. Casi nunca lo es. Lo que la traba: las rondas de corrección sin final. No las correcciones —esas son parte del trabajo—, sino el goteo de a una por día durante semanas, y sobre todo la opinión que llega al final de alguien que no participó del proceso. Se previene con una sola cosa: definir de entrada quién aprueba, y que sea una persona con la decisión.

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Entrega y capacitación

El sitio se publica, se carga el contenido real y le mostramos a tu equipo cómo se edita cada cosa. Es corta y es la que más se subestima, porque parece un trámite. No lo es: es la etapa que decide si dentro de seis meses tu sitio va a estar actualizado o va a estar mostrando precios viejos. Lo que la traba: gestiones con terceros que no dependen de nosotros —el dominio que está a nombre de alguien que no aparece, el acceso al hosting que nadie tiene—. Si eso te suena conocido, mirá perdí el acceso a mi página web: conviene resolverlo antes de arrancar el proyecto, no en la semana de lanzamiento.

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Soporte

No es una etapa del proyecto sino lo que viene después, y lo ponemos en el cronograma a propósito. Es el momento en que el plazo deja de medirse en semanas de construcción y pasa a medirse en cuánto tarda cada cambio. Ahí es donde un sitio operable y uno que no lo es se separan para siempre, y está desarrollado más abajo.

El número, según qué estés haciendo

Sitio institucional: entre 3 y 6 semanas. Es nuestro caso de referencia y el número que publicamos, medido desde el descubrimiento hasta el lanzamiento. El rango de tres semanas de diferencia no es imprecisión: es exactamente el margen que mueven el alcance y la velocidad con que se aprueban los contenidos. Un proyecto con textos listos y una sola persona decidiendo cae en el borde de abajo; uno con contenidos por escribir y tres aprobadores, en el de arriba.

One page o landing: menos, y a veces bastante menos. Hay una sola estructura que diseñar y una sola conversación que tener, así que el reloj del estudio se acorta mucho. Ojo con la conclusión fácil igual: si los textos no están, la one page se atrasa lo mismo que un sitio grande. Lo que se achica es nuestra parte, no la tuya. Es el punto de entrada del estudio y arranca en USD 390 + IVA.

Tienda online: más, y el tiempo extra no es de diseño. Esto sorprende a casi todo el mundo. Diseñar la tienda no lleva mucho más que un sitio institucional; lo que se lleva el calendario es la carga del catálogo —nombre, descripción, precio, variantes, stock y fotos, referencia por referencia— y la configuración de medios de pago y envíos, que depende de gestiones y aprobaciones de terceros con sus propios tiempos. Un catálogo de veinte productos y uno de quinientos no son el mismo proyecto aunque la tienda se vea igual. Los costos están en cuánto cuesta una tienda online en Uruguay.

En los tres casos, el plazo exacto va con fecha en la propuesta y se acuerda antes de empezar. No cotizamos “tres semanas” en abstracto: cotizamos un cronograma con lo que entregamos nosotros y lo que entregás vos, porque es la única forma de que un plazo signifique algo.

Qué tener listo antes de arrancar

Si juntás esto antes de la primera reunión, tu proyecto va a caer en el borde de abajo del rango. Sirve igual si nos contratás a nosotros o a cualquier otro, así que llevátelo.

  • Una persona que apruebe. Es lo que más plazo ahorra de toda la lista y no cuesta nada. Una sola, con la decisión tomada por la empresa. Los proyectos con tres aprobadores no tardan el triple: tardan más, porque cada ronda espera a que se pongan de acuerdo entre ellos.
  • Los textos, o la decisión de que los escribamos nosotros. Lo que atrasa no es ninguna de las dos opciones: es no haber elegido. Si los mandás vos, tenelos antes de arrancar. Si preferís que los escribamos, decilo en el presupuesto para que esté cotizado y con fecha.
  • Las fotos, en calidad usable. Fotos propias de tu local, tu equipo y tus productos. Si no las tenés, esta es la variable que conviene resolver antes de arrancar y no en el medio: una producción fotográfica tiene su propio calendario y depende del clima, de la agenda y del fotógrafo.
  • El logo en archivo original, no la captura del Instagram. Es la traba más chica y más frecuente de todas, y siempre aparece el mismo día que se necesita.
  • Los accesos: dominio, hosting y correo. Averiguá hoy quién figura como titular, aunque el proyecto arranque el mes que viene. Es la traba que más veces convierte una semana de lanzamiento en un mes, y no se puede apurar cuando ya estás encima.
  • La lista de lo que el sitio tiene que hacer, además de mostrar: cobrar, reservar con calendario, mostrar stock, conectarse con un sistema que ya usás. Cada una de esas cosas cambia el plazo de verdad, y decirlas en la primera conversación es lo que evita que el cronograma se rehaga a mitad de camino.

El plazo que importa no es el de construirla

Toda esta página habló de semanas de proyecto, que es lo que preguntaste. Pero si mirás los dos años siguientes, ese número es el chico. El plazo que de verdad te va a afectar es otro: cuánto tarda cada cambio después de que la web está publicada.

Hacé la cuenta con un caso cualquiera. Cambiás un precio una vez por mes. Si eso lo hace tu equipo desde un panel, son dos minutos: al año, media hora. Si depende de escribirle a un proveedor, esperar que conteste y que lo agende, son tres días de calendario cada vez —y a veces una factura—: al año, doce esperas y una sensación permanente de no ser dueño de tu propio sitio. Cuatro semanas de construcción contra doce esperas por año. La primera cifra es la que se negocia en el presupuesto; la segunda es la que se sufre.

Y hay una razón técnica detrás, no es solo cuestión de a quién contrataste. Cuando un sitio se arma sobre decenas de complementos de terceros, cada uno hecho por gente distinta y actualizado por su cuenta, cambiar algo simple deja de ser simple y actualizar da miedo, porque cualquier actualización puede romper otra cosa. Ahí el plazo de cada modificación se estira solo, sin que nadie sea culpable. Está contado en por qué mi WooCommerce se rompe, y el camino de salida en migrar a una plataforma operable.

Por eso, cuando compares presupuestos, agregá una pregunta a las de siempre. Además de cuánto sale y cuánto tarda, preguntá cuánto va a tardar cambiar un precio dentro de seis meses, y quién lo va a hacer. La respuesta a esa pregunta te dice más sobre el proyecto que las otras dos juntas. Nuestra posición es la misma de siempre y no tiene matices: si para cambiar un teléfono tenés que escribirnos, el trabajo está mal hecho. Y si querés que además haya alguien atento a que nada se rompa, eso es soporte y mantenimiento.

Cuándo arrancar, según el calendario uruguayo

Hay dos ventanas donde el plazo importa más que el precio y conviene tenerlas en la cabeza al planificar. La primera es la de los negocios de temporada de la costa: si el sitio tiene que estar pronto para diciembre, el proyecto se arranca en septiembre u octubre, no en noviembre, porque noviembre ya se usa para cargar contenido real y probar. El calendario completo de ese caso está en diseño web en Punta del Este.

La segunda es la de los rubros con pico de inscripción o de zafra, donde llegar tarde no significa arrancar más tarde: significa perderse el año entero. Y una advertencia de agenda que vale para todos: entre fin de diciembre y fin de enero, en Uruguay, las aprobaciones se frenan y los terceros —proveedores, bancos, plataformas— contestan más lento. Un proyecto que atraviesa esa ventana necesita el margen contemplado de antemano, no descubierto en el medio.

Somos un estudio uruguayo, con base en Montevideo y trabajo en Canelones, Maldonado, Salto, Paysandú y el interior: mismo huso horario, factura local y reuniones en hora de Montevideo, que para coordinar un cronograma pesa. Si ya sabés que querés avanzar, los números están en cuánto cuesta una página web en Uruguay y el proceso completo en diseño web en Uruguay. Y si todavía estás decidiendo si te hace falta, empezá por página web o solo Instagram.

Preguntas sobre plazos

¿Cuánto tarda hacer una página web en Uruguay?

Un sitio institucional típico lleva entre 3 y 6 semanas, desde el descubrimiento hasta el lanzamiento, según el alcance y la velocidad con que se aprueban los contenidos. Una one page lleva menos, porque hay una sola estructura que diseñar. Una tienda lleva más, y el tiempo extra casi nunca es de diseño: es la carga de productos y la configuración de pagos y envíos. El plazo exacto va escrito en la propuesta, con fecha, antes de empezar.

¿Qué es lo que más atrasa un proyecto web?

Los contenidos del cliente, y no está cerca. La enorme mayoría de los proyectos que se pasan de fecha no esperan diseño ni programación: esperan textos, fotos, logos en buena calidad o una decisión interna que nadie toma. Es una etapa que casi ningún presupuesto pone en el cronograma, así que aparece como sorpresa. Por eso en nuestras propuestas va escrito qué tenés que mandar y en qué momento.

¿Se puede hacer una web en una semana?

Se puede, en un caso concreto: una one page, con los textos y las fotos ya listos y aprobados, con una sola ronda de correcciones y una decisión rápida de tu lado. Lo que no se puede es comprimir a una semana un sitio de varias secciones con contenidos por escribir. Si alguien te lo promete, el ajuste va a salir de algún lado: casi siempre de una plantilla comprada, y eso lo pagás después. Está explicado en cuánto cuesta una página web.

¿Cuánto tarda una tienda online?

Más que un sitio institucional, y la diferencia está en un lugar que sorprende a casi todo el mundo: la carga de productos. Diseñar la tienda es una cosa; cargar doscientas referencias con su nombre, su descripción, su precio, sus variantes, su stock y sus fotos es otra, y es la que consume el calendario. Aparte va la configuración de medios de pago y envíos, que depende de gestiones con terceros y de tiempos que no manejamos nosotros.

¿Por qué me piden los textos si les estoy pagando para que hagan la web?

No siempre te los pedimos: si querés, los escribimos nosotros, y eso está cotizado aparte porque es trabajo real de entrevista y redacción. Lo que no funciona es el punto intermedio, que es el que atrasa los proyectos: se asume que los mandás vos, nadie lo aclara, y el proyecto queda esperando dos meses. Por eso lo definimos antes de firmar, no después.

¿Qué pasa si me atraso yo con los contenidos?

No pasa nada grave, pero el plazo se corre y conviene decirlo sin dramatismo: un proyecto que queda parado esperando material no se retoma al día siguiente de que llega, porque el equipo ya está en otro trabajo. Por eso la propuesta lleva fechas de ida y de vuelta. Si sabés que vas a tardar en juntar las fotos, es mejor arrancar el proyecto más tarde que arrancarlo y frenarlo.

¿Cuántas rondas de correcciones entran?

Las que estén escritas en la propuesta, y esa cifra existe justamente para proteger el plazo. Las correcciones no son el problema; el problema es la corrección que llega de a una por día durante tres semanas, o la que aparece cuando alguien que no participó del proceso opina al final. La forma práctica de evitarlo es definir de entrada quién aprueba, y que sea una sola persona con la decisión.

¿Cuánto tarda un cambio después de que la web está publicada?

Esa es la pregunta que más conviene hacer y la que casi nadie hace al cotizar. Los sitios que entregamos se editan desde un panel: cambiar un texto, un precio o una foto lo hace tu equipo en minutos, sin escribirnos. Si en cambio cada cambio chico depende de un proveedor, el plazo real de tu web no son las cuatro semanas de construcción: son los tres días que va a tardar cada modificación durante los próximos dos años.

De dónde salen estos plazos

El rango de 3 a 6 semanas para un sitio institucional es nuestro y es el que sostenemos en las propuestas; las cinco etapas son el proceso con el que efectivamente trabajamos. No publicamos plazos de terceros ni promedios del mercado, porque dependen del alcance de cada proyecto y cualquier número general sería una estimación disfrazada de dato. Para one page y tienda describimos la diferencia en vez de dar una cifra fija, por el mismo motivo: el plazo concreto de tu caso va en la propuesta, con fecha.

Los tiempos que dependen de terceros —altas de medios de pago, verificaciones de plataformas, gestiones de dominio— los fijan esos terceros y no nosotros: podemos conducir la gestión y avisarte en qué estado está, pero no comprometer su plazo. Cuando un proyecto tiene una fecha innegociable de tu lado, decilo en la primera conversación: cambia cómo se ordena el trabajo. Última actualización: 18 de agosto de 2026.

¿Tenés una fecha? Decinos cuál.

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