Cuánto cuesta mantener una web al año: los cuatro cajones

Casi nadie pregunta esto antes de contratar, y es la cifra que más pesa a lo largo de la vida de un sitio. No es una línea: son cuatro cajones distintos, con proveedores distintos y con uno que nunca aparece en ningún presupuesto. Acá está cada uno, cuál es el nuestro y cómo verificar los de terceros sin creerle a nadie.

El presupuesto cotiza el año uno. La factura que duele es la del año dos

Los presupuestos de diseño web se comparan por un número: cuánto sale hacerla. Es entendible, porque es el número grande y el que hay que desembolsar ya. Pero un sitio dura años, y en ese plazo el costo de tenerla puede pesar tanto como el de haberla hecho —solo que llega repartido, en montos chicos, y por eso nadie lo suma.

Ahí está el problema de fondo: el costo anual de una web no es una línea, son cuatro, y llegan por canales distintos. Una la cobra el registro del dominio una vez por año. Otra la cobra el proveedor de alojamiento todos los meses. La tercera la cobra quien te da soporte, si es que contrataste a alguien. Y la cuarta no la cobra nadie: la pagás en horas de tu propio equipo cada vez que tenés que pedir un cambio y esperar. Como ninguna llega junta con las otras, nunca aparecen en la misma pantalla y el total real queda invisible.

Hay una consecuencia práctica y muy uruguaya: la enorme mayoría de las empresas chicas no sabe cuánto paga por año por su sitio. Lo pagan, eso sí —normalmente con un débito automático en la tarjeta de la empresa—, pero si les preguntás el total no lo tienen. Cuando aparece el problema, aparece de golpe: se vence una tarjeta, se rebota un cobro, y de un día para el otro el sitio se cae o el dominio queda en riesgo por una cifra que era chica.

Esta página existe para que puedas armar tu propio número. Publicamos nuestros precios y no publicamos los recurrentes de terceros: los valores de alojamiento y de plataformas cambian, se cotizan en dólares y dependen del plan, así que un número escrito acá envejecería en meses y te haría planificar mal. En vez de eso, más abajo está cómo verificar cada uno en cinco minutos, con tus datos y no con un promedio.

Los cuatro cajones, del más obvio al más caro

Están ordenados por cuánto se hablan, no por cuánto pesan. El primero es del que todo el mundo se acuerda. El cuarto es el que se lleva la plata de verdad y no figura en ninguna factura.

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Lo que se paga para que exista

El dominio, que se renueva por período, y el alojamiento o el abono de la plataforma, que se cobra todos los meses. Son los dos únicos gastos verdaderamente inevitables: si dejás de pagar cualquiera de los dos, tu sitio deja de estar. Casi siempre son montos chicos, y justamente por eso son los que más se pierden de vista: se pagan con débito automático, la factura llega a un correo que nadie mira y el aviso de vencimiento tampoco. La pregunta que conviene hacerse una vez por año: ¿qué tarjeta los paga, y qué pasa cuando esa tarjeta se venza?

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Lo que se paga para que no se rompa

Actualizaciones, respaldos que alguien probó que se pueden restaurar, el certificado de seguridad vigente, y alguien mirando que el sitio esté arriba. Este es el cajón que la mayoría decide no contratar, y es una decisión legítima —pero conviene tomarla sabiendo qué se está eligiendo—. No contratar mantenimiento no elimina el mantenimiento: lo difiere. Se acumula en silencio durante meses y después vuelve entero, de golpe, convertido en otra cosa que se llama emergencia y se cotiza distinto. Nuestros planes arrancan en USD 150/mes + IVA o USD 850/año + IVA con pago anual, y hay varios: el detalle está en soporte y mantenimiento.

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Lo que se paga para cambiarla

Este es el cajón invisible y el que separa un sitio barato de uno caro a lo largo del tiempo. Si tu equipo cambia un precio, un texto o una foto desde un panel, este cajón vale cero. Si cada cambio chico depende de escribirle a alguien, esperar y a veces recibir una factura, entonces existe y no es menor: se paga en horas de tu gente y en oportunidades que se pierden mientras se espera. La cuenta la podés hacer hoy con datos que ya tenés: contá cuántos cambios pediste el último año y multiplicá por lo que salió cada uno, incluidas las esperas. El desarrollo de esa idea está en cuánto tarda hacer una página web.

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Lo que se paga cuando ya se rompió

El cajón que no querés abrir: el sitio caído, el certificado vencido que le muestra a tus clientes un cartel de “no es seguro”, el dominio que no se renovó, el acceso que nadie encuentra. Sale más que todo lo anterior por dos motivos que se suman: se trabaja contra reloj y sin información, porque casi nunca hay documentación de cómo estaba armado. Nuestra revisión de rescate cuesta USD 90 + IVA y termina en un informe escrito que queda tuyo, lo contrates después o no; la recuperación se cotiza por caso, porque no hay dos iguales. Si estás acá, empezá por perdí el acceso a mi página web o por el que me hizo la web no contesta.

Cómo armar tu número real en una tarde

En vez de darte un promedio del mercado que no se parece a tu caso, te damos el procedimiento. Son seis pasos y no necesitás a nadie técnico para hacerlos. Sirve igual si tu web la hicimos nosotros o si la hizo otro.

  • 01Mirá el resumen de la tarjeta de la empresa de los últimos doce meses. Es el paso más efectivo y el que casi nadie da. El alojamiento que nadie encuentra suele aparecer ahí como un débito chico y mensual, muchas veces en dólares y con un nombre en inglés que no dice nada. Marcá todo lo que sospeches y sumalo: ese es el piso de tu costo real.
  • 02Averiguá cuándo vence tu dominio y quién figura como titular. Es gratis y se consulta en el registro donde está inscripto. Anotá la fecha en el calendario de la empresa, no en el de una persona. Es la única línea de esta lista donde un olvido no se arregla pagando después.
  • 03Buscá el precio de renovación, no el de contratación. Acá está la trampa más común de todo el rubro: los planes de entrada de dominios y alojamiento suelen tener un valor promocional el primer período y otro bastante más alto a partir del segundo. Si estás comparando, compará el número de renovación, que es el que vas a pagar el resto de tu vida.
  • 04Pedile a tu proveedor actual el desglose por línea. Textual: «¿qué estoy pagando por dominio, qué por alojamiento y qué por soporte?». Un proveedor que trabaja bien te lo manda ese mismo día. Si la respuesta es un único monto sin abrir, eso ya es información sobre tu situación.
  • 05Preguntá qué pasa si dejás de pagar cada línea. Una por una. El dominio se libera. El alojamiento baja el sitio. El soporte deja de existir pero el sitio sigue arriba. No son riesgos equivalentes y conviene saber cuál es cuál antes de recortar algo para ahorrar.
  • 06Contá los pedidos de cambio del último año. Revisá el correo o el WhatsApp con tu proveedor y contá cuántas veces pediste modificar algo, cuánto tardó y si se facturó. Ese número, multiplicado, es el cajón tres. Es el único que no está en ninguna factura y suele ser el más grande de los cuatro.

Una web institucional y una tienda no cuestan lo mismo de tener

La diferencia no está en el diseño ni en el tamaño del archivo: está en cuántos servicios de terceros tienen que seguir funcionando todos los días para que el sitio cumpla su función.

Sitio institucional

La cuenta anual es corta y previsible: dominio, alojamiento y —si lo contratás— soporte. No hay comisiones porque no hay cobros, y el sitio no depende de que un tercero apruebe nada para funcionar. Si además tu equipo puede editarlo, el cajón tres desaparece y el total anual queda en un número que podés poner en el presupuesto de la empresa sin sorpresas. Es el caso donde el mantenimiento se siente como un gasto fijo chico, siempre que alguien esté mirando los vencimientos.

Tienda online

Acá la cuenta cambia de naturaleza. Al dominio se le suma el abono de la plataforma, que reemplaza al alojamiento, y aparece una línea que no existe en un sitio institucional: las comisiones de cobro, que no son un gasto fijo sino un porcentaje de lo que vendés. Además, una tienda tiene más piezas que pueden fallar en un día de venta, así que el cajón dos deja de ser opcional en la práctica. Está desglosado en cuánto cuesta una tienda online en Uruguay.

Costos en dólares, ventas en pesos

Hay una característica local que conviene tener presente al armar el presupuesto anual: buena parte de lo que sostiene tu sitio se cotiza en dólares —el alojamiento internacional, los abonos de plataformas, varios servicios de correo—, mientras que tus ventas al mercado interno son en pesos. No es un problema en sí, y no vamos a publicar proyecciones de tipo de cambio porque sería inventar. Sí tiene una consecuencia práctica: el costo de tener tu web es una línea que no se queda quieta sola, aunque no cambies nada. Revisala una vez por año, con el resumen de la tarjeta a la vista.

La segunda particularidad es de calendario. Entre fin de diciembre y fin de enero, en Uruguay, todo lo que dependa de un tercero se vuelve lento: proveedores de licencia, bancos, plataformas, el proveedor que te hizo el sitio. Es exactamente la ventana en la que más caro sale que algo se venza, y para los negocios de temporada de la costa es además el mes que decide el año. Si tu dominio o tu certificado vencen en esa franja, adelantá la renovación en noviembre: es gratis y te ahorra el peor momento posible para descubrir un problema. El caso de temporada está en diseño web en Punta del Este.

Somos un estudio uruguayo con base en Montevideo y trabajo en Canelones, Maldonado, Salto, Paysandú y el interior. Para esta conversación en particular importa una cosa concreta: factura local, en la misma plaza y con el mismo huso horario. Cuando el soporte y el papel están del mismo lado que vos, el día que algo falla no hay que averiguar primero a quién se le reclama.

El mantenimiento cero no existe. Existe el mantenimiento diferido

La decisión de no contratar soporte casi nunca se toma en voz alta. Se toma por omisión: el proyecto termina, nadie firma nada mensual, y el sitio queda solo. Durante bastante tiempo eso funciona perfecto, y ese es justamente el motivo por el que la cuenta se acumula sin que nadie la vea.

Lo que pasa en el medio es aburrido y silencioso. Las piezas del sitio siguen su propio calendario de actualizaciones. Los certificados se vencen. Los respaldos, si nadie los prueba, son una carpeta con la que nadie sabe qué hacer el día que se necesita. Nada de eso avisa. El sitio no se degrada de a poco: se ve exactamente igual hasta el día que no carga. Por eso el ahorro se siente real durante meses y desaparece en una sola tarde.

Y hay una razón estructural detrás, no es solo cuestión de suerte. Cuando un sitio se arma sobre decenas de complementos de terceros —cada uno hecho por gente distinta, con su propio ciclo de actualizaciones—, el mantenimiento deja de ser una tarea y pasa a ser una obligación permanente: actualizar da miedo porque puede romper algo, y no actualizar acumula riesgo. Ese mecanismo está contado en detalle en por qué mi WooCommerce se rompe, y es la razón por la que en tiendas trabajamos sobre una plataforma con una empresa responsable detrás: cuando algo falla un sábado, lo que importa no es de quién es la culpa sino a quién se le reclama.

Nuestra posición es la de siempre y no cambia acá: la mejor forma de bajar el costo anual de una web no es recortar el soporte, es que la web no te obligue a pedir ayuda para cosas simples. Un sitio que tu equipo puede editar tiene el cajón tres en cero y usa el soporte para lo que de verdad requiere a alguien técnico. Eso es lo que llamamos presencia digital operable, y está desarrollado en diseño web en Uruguay. Si estás armando el número completo antes de contratar, la otra mitad está en cuánto cuesta una página web en Uruguay y la lista de piezas en qué necesito para tener mi página web.

Preguntas sobre el costo anual

¿Cuánto cuesta mantener una página web al año en Uruguay?

Depende de cuáles de los cuatro cajones tengas activos, y por eso no existe un número único honesto. Lo que sí podemos publicar es el nuestro: soporte y mantenimiento desde USD 850/año + IVA con pago anual, o desde USD 150/mes + IVA. Aparte van el dominio y el alojamiento, que son de terceros, se renuevan por su cuenta y quedan a tu nombre. Y aparte va el costo que no se factura: el tiempo que tu equipo pierde si cada cambio depende de un proveedor.

¿Puedo tener la web sin pagar nada mensual?

Sin pagar nada, no: el dominio y el alojamiento son inevitables, porque son lo que hace que el sitio exista. Lo que sí podés no contratar es el soporte, y mucha gente lo hace. Es una decisión legítima siempre que sepas qué estás eligiendo: no contratar mantenimiento no elimina el mantenimiento, lo posterga. Si vas por ese camino, al menos poné en el calendario de la empresa los vencimientos del dominio y del certificado, y verificá una vez por año que los respaldos existan y se puedan restaurar.

¿Por qué no publican el precio del alojamiento?

Porque no es nuestro y cambia. Los planes de alojamiento se cotizan en dólares, varían según el proveedor y —esto es lo importante— suelen tener un valor promocional el primer período y otro más alto en la renovación. Publicar acá una cifra fija te haría planificar con un número equivocado, que es peor que no darte ninguno. La excepción es el dominio: el alta bajo .uy tiene un valor oficial publicado por el registro uruguayo y ese sí lo citamos, con su fuente, en cuánto cuesta una página web en Uruguay. Para todo lo demás preferimos darte el procedimiento y que lo verifiques con tus propios datos.

¿Conviene pagar el soporte por año o por mes?

El pago anual adelantado es más conveniente en total y es el que la mayoría elige. El mensual tiene sentido cuando la empresa prefiere no comprometer un desembolso grande de una vez o cuando todavía estamos empezando a trabajar juntos y querés ver cómo funciona la relación antes de comprometer el año. Las dos modalidades cubren lo mismo: la diferencia es financiera, no de alcance.

Mi web la hizo otro estudio, ¿igual me pueden mantener?

Sí, y pasa seguido. Empezamos por una revisión para ver sobre qué está armada y en qué estado llega, porque comprometerse a sostener algo que no se conoce no es serio. Trabajamos sobre WordPress y sobre sitios a medida. Hay una condición que decimos de frente y no en la letra chica: para dar soporte continuo, el sitio tiene que vivir en nuestro hosting. Podemos entrar a un panel ajeno para diagnosticar, pero no podemos garantizar continuidad en una infraestructura que no administramos.

¿Qué pasa si me olvido de renovar el dominio?

Es el único olvido de esta página que no se arregla pagando después. Un dominio vencido entra en un período en el que todavía se puede recuperar, y si ese período pasa queda liberado y lo puede registrar cualquiera. Con él se van la dirección que tus clientes escriben, los enlaces que otros sitios te hicieron y tu correo corporativo, que casi siempre depende del mismo dominio. Por eso el consejo repetido: anotá el vencimiento en el calendario de la empresa, no en el de una persona que puede irse.

¿El mantenimiento incluye cambios de contenido?

Los sitios que entregamos están hechos para que los cambios de contenido —un texto, un precio, una foto, un producto— los haga tu equipo desde el panel, sin pedirnos nada y sin costo por cambio. Eso no es una restricción del plan: es el objetivo del plan. El soporte cubre lo que sí requiere a alguien técnico: que el sitio esté arriba, actualizado, respaldado y seguro. El alcance exacto de cada plan está escrito en la propuesta antes de firmar, no después.

Hace años que nadie toca mi web, ¿por dónde empiezo?

Por saber en qué estado está antes de decidir nada, y sobre todo antes de tomar la decisión más cara de todas, que es rehacerla de cero sin haberla mirado. Para eso está la revisión de USD 90 + IVA: relevamos dónde vive, sobre qué está construida, qué accesos existen, qué está vencido y qué riesgo hay. Termina en un informe escrito que queda tuyo, nos contrates o no, y con el que podés pedir presupuesto en cualquier lado. A veces la conclusión es que se sostiene tal como está, y también lo decimos.

De dónde salen estos números

Las únicas cifras de esta página son precios propios de Bioma: los planes de soporte y la revisión de rescate. No publicamos precios de alojamiento, plataformas ni comisiones de cobro, y no es por reserva comercial: son valores de terceros que cambian, que se cotizan en dólares y que dependen del plan contratado. La única excepción del sitio es el valor oficial del alta de un dominio .uy, que sí está publicado con su fuente en cuánto cuesta una página web en Uruguay, porque lo fija el registro y no un proveedor. Un número desactualizado en una página de referencia hace más daño que su ausencia, porque la gente planifica con él. Tampoco publicamos promedios del mercado uruguayo: no tenemos forma de medirlos con rigor y sería una estimación disfrazada de dato.

Bioma es un estudio de diseño digital: no somos asesores contables ni financieros, y nada de lo que está acá es una recomendación sobre cómo estructurar los gastos de tu empresa. Lo nuestro es que la parte que vive en la web esté resuelta, tenga un costo previsible y la pueda operar tu equipo. El precio de tu caso concreto, con las líneas abiertas una por una, va escrito en la propuesta antes de que firmes nada. Última actualización: 20 de agosto de 2026.

¿No sabés cuánto estás pagando hoy? Lo averiguamos.

Contanos qué tenés y te devolvemos las cuatro líneas abiertas: qué pagás, a quién, cuándo vence y qué pasa si dejás de pagarlo. Si el resultado es que tu arreglo actual está bien, te lo decimos igual. Escribinos cualquier día y a cualquier hora: te respondemos apenas lo vemos.

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