Nadie es dueño del mantenimiento
Cómo se ve: nadie en la empresa sabe qué versión tiene la tienda, cuándo se actualizó por última vez ni quién tiene el acceso al hosting. El que la hizo dejó de contestar hace meses.
Por qué pasa: es la consecuencia directa del modelo autogestionado. Cuando el proyecto se entrega y el proveedor se va, el mantenimiento no queda mal hecho: queda huérfano. No hay mala fe, hay un rol que nunca se asignó. Y como una tienda que funciona no pide nada, el problema es invisible hasta el día que explota.
Qué hacer esta semana: ponele nombre y apellido al responsable, y una frecuencia («todos los primeros lunes»). Si adentro no hay nadie con ese perfil, contratalo afuera: es más barato que una caída en temporada. Aparte, ordená los accesos —hosting, dominio, panel de la tienda, medios de pago— y guardalos en un gestor de contraseñas, no en un mail ni en un chat de WhatsApp. Si el dominio está a nombre de alguien que ya no trabaja con vos, resolvelo antes que cualquier otra cosa.