El marco uruguayo es la Ley 18.331 de protección de datos personales, que exige que el consentimiento sea libre, previo, expreso, informado y documentado (artículo 9), y que prevé la inscripción de las bases de datos ante la URCDP, que es gratuita y se hace en línea. «Documentado» es la palabra que tiene consecuencia de diseño: significa que tiene que quedar registro de que la persona aceptó, qué aceptó y cuándo. Una casilla de verificación con un texto claro al lado, cuya aceptación se guarda junto con el resto del formulario, es la forma habitual de resolverlo en un sitio.
De ahí sale la recomendación práctica, que es de oficio y no legal: pedí poco. En la preinscripción alcanza con el nombre del alumno, la edad o el grado, el curso que le interesa, y el nombre, el teléfono y el correo de quien se hace cargo. Nada más. La cédula, la partida de nacimiento, el carné de salud y el certificado del colegio anterior son documentación de la inscripción real, no de la preinscripción, y no viajan por un formulario público del sitio: se piden después, por el canal que el instituto defina y con alguien del otro lado. Un formulario corto además se completa más; el largo se abandona a la mitad, justo en febrero.
Un detalle que parece menor y no lo es: decí a dónde va ese formulario y quién lo lee. «Esta preinscripción llega a la secretaría del instituto y te responde una persona» es una frase de siete palabras que baja la desconfianza de quien está por dejar los datos de su hijo en una página. Las mismas reglas de titularidad que aplican a cualquier sitio aplican acá, y están detalladas en qué necesito para tener mi página web: el dominio y las casillas a nombre del instituto, no del proveedor.