Diseño web para estudios contables: tu sitio no capta clientes, los filtra

Un estudio contable uruguayo casi nunca tiene un problema de cantidad de consultas. Tiene un problema de mezcla: llegan por referidos los buenos y llega por el formulario cualquier cosa, y las dos cosas caen sobre el mismo teléfono en la peor semana del año. Un sitio bien hecho no aumenta el volumen: acomoda quién entra, con qué información y en qué momento.

No necesitás más consultas. Necesitás menos consultas equivocadas

Cuando un comercio pide una web, quiere que entre más gente. Cuando un estudio contable pide una web, casi siempre está pidiendo otra cosa sin decirlo: quiere dejar de explicar veinte veces por semana lo mismo, quiere que el que escribe llegue con los datos arriba de la mesa, y quiere no tener que decirle que no a alguien que ya se ilusionó. Ese pedido no se resuelve con más tráfico. Se resuelve con una web que dice quién sí y quién no, antes de que suene el teléfono.

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El punto de partida honesto es este: en un estudio contable la venta ya venía funcionando sin web. La cartera se armó con referidos, con clientes que crecieron, con un cliente que llevó a su cuñado, con la empresa que cambió de contador porque el anterior se jubiló. Nadie contrata a un contador porque su sitio se ve lindo. Y sin embargo, cada vez más, ese referido que llega recomendado busca el nombre del estudio antes de escribir. Lo que encuentra no genera la confianza: la confirma o la desarma. Un sitio de hace diez años con un teléfono fijo, un mapa que no carga y una sección de «novedades» cuya última entrada es de hace cuatro años no dice «somos discretos»: dice «acá no hay nadie».

Y hay un segundo costo, más silencioso y más caro, que es el que trae a los estudios a pedir presupuesto. Todo lo que el sitio no dice, lo termina diciendo una persona del estudio por teléfono. Cuánto sale una liquidación mensual, si atienden monotributistas, si trabajan con empresas del interior, si hay que ir a la oficina o se hace todo a distancia, qué papeles hay que llevar la primera vez, si liquidan sueldos o solo impuestos. Cada una de esas preguntas cuesta minutos de alguien que factura su hora, y ninguna de ellas es asesoramiento: es información administrativa que podría estar escrita.

Por eso este tipo de sitio se diseña al revés que el de un comercio. No se optimiza para que entre más gente. Se optimiza para que el que entra llegue más adelante en el camino: sabiendo qué hace el estudio, qué no hace, cómo trabaja y qué le va a pedir. El que no encaja se va solo, sin ocuparle una reunión a nadie, y eso —para un servicio profesional que se cobra por hora— es exactamente lo mismo que ganar dinero.

Las seis preguntas que tu sitio tiene que contestar antes de la primera reunión

Esta es la estructura con la que armamos el sitio de un estudio. No son secciones bonitas: son las seis cosas que, si no están escritas, alguien las va a tener que decir a mano. Puestas en este orden, funcionan como un embudo de admisión y no como un folleto.

01

A quién atendés, dicho con nombre y apellido de contribuyente

Nada filtra tanto como esto y casi nadie lo escribe. No alcanza con «asesoramos empresas»: en Uruguay, «empresa» abarca desde un monotributista que factura por servicios personales hasta una sociedad con operaciones en el exterior, y esos dos clientes no tienen nada que ver entre sí. Escribí las categorías reales con las que trabajás —unipersonales, sociedades, empresas con personal a cargo, profesionales que facturan por servicios personales, clientes del exterior— y decí explícitamente cuáles no tomás. La frase incómoda que más tiempo ahorra es la que empieza con «hoy no estamos tomando…».

02

Qué servicios prestás, separados por lo que el cliente sabe pedir

El error clásico es organizar los servicios como los organiza el estudio por dentro. El cliente no busca «cumplimiento tributario»: busca «liquidación mensual», «sueldos», «balance», «abrir una empresa», «cerrar una empresa», «una mano con una inspección». Usá esas palabras y después, adentro, explicá lo que realmente incluye cada una. Un estudio que separa bien lo mensual de lo puntual —lo que es un abono de lo que es un trabajo con principio y fin— se ahorra la peor conversación de todas, que es la del cliente que creía que el balance estaba incluido.

03

Cómo se trabaja: presencial, a distancia, o las dos

Esto dejó de ser un detalle y pasó a ser un criterio de elección, sobre todo para clientes del interior que hasta hace poco daban por hecho que un contador de Montevideo no era una opción. Decilo sin vueltas: si la documentación se manda escaneada, si hay una carpeta compartida, si hay reuniones por videollamada, con qué frecuencia, y si en algún momento hay que ir a firmar algo en persona. Un estudio que atiende a distancia y no lo dice en el sitio está perdiendo, en silencio, a todos los clientes que están a más de cuarenta minutos de la oficina.

04

Qué te tiene que entregar el cliente, y cuándo

Es la sección menos glamorosa del sitio y la que más plata ahorra. La lista de lo que el estudio necesita todos los meses, con las fechas, y la lista de lo que necesita la primera vez para poder empezar. Publicarla hace tres cosas a la vez: baja el ida y vuelta de correos, le muestra al que todavía no es cliente que hay un método, y —lo más importante— convierte «el contador me pide cosas» en «el estudio trabaja así», que es una relación completamente distinta.

05

Quién firma, y qué hay detrás del nombre del estudio

Un estudio contable vende responsabilidad profesional, y la responsabilidad tiene cara. Una ficha por profesional —nombre completo, título, en qué se especializa, desde cuándo— vale más que cualquier texto institucional, y tiene un efecto colateral concreto: es lo que hace que el estudio aparezca cuando alguien busca el nombre de uno de sus contadores, que es exactamente lo que hace el referido antes de escribir. Foto real, no de banco de imágenes: en un rubro donde la confianza es el producto, una foto comprada se nota y resta.

06

Cómo se entra: el primer paso, con su costo o con su ausencia de costo

Acá se cae la mayoría de los sitios de estudios: terminan en un formulario de «Nombre / Email / Mensaje» que no compromete a nadie y no informa a nadie. El primer paso tiene que ser una cosa concreta y nombrada —una reunión inicial, un diagnóstico, una revisión de la situación tributaria—, con una posición clara sobre si se cobra o no. Las dos respuestas son buenas; la mala es no decirlo, porque el que escribe asume lo que le conviene y alguien va a tener que corregirlo por teléfono.

El formulario de un estudio contable no es un contacto: es una admisión

Este es el punto donde el sitio de un estudio contable deja de parecerse al de cualquier otro servicio profesional, y la razón no es de marketing: es normativa. En determinadas actividades, un contador no solo puede elegir a su cliente: tiene que conocerlo antes de aceptarlo, y tiene que poder demostrar que lo conoció.

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La Ley 19.574, reglamentada por el Decreto 379/018, define a los contadores públicos como sujetos obligados en materia de prevención de lavado de activos cuando participan en ciertas operaciones, no por asesorar en general. Entre esas operaciones están, según el artículo 41 del decreto, la compraventa de inmuebles y de establecimientos comerciales, la administración de dinero, valores o activos del cliente, la gestión de cuentas, la organización de aportes para la constitución de sociedades, la creación y administración de personas jurídicas, y la confección de informes de auditoría y de revisión limitada por encima de determinados umbrales de facturación y endeudamiento. Los sujetos obligados deben inscribirse ante la SENACLAFT, aplicar procedimientos de debida diligencia con enfoque basado en riesgo, y conservar los registros durante un plazo mínimo posterior al fin de la relación comercial. (Fuentes: los textos de la ley y del decreto publicados por IMPO, contrastados con la lectura profesional de Auren Uruguay. Consultado el 2 de setiembre de 2026.)

Nosotros no somos quién para decirte si tu estudio es sujeto obligado ni qué procedimiento te corresponde —eso lo determinás vos con la normativa y con tu propio asesoramiento—, pero el dato cambia por completo el diseño de la web, y esa parte sí es nuestra. Si en el mundo real la relación empieza con un proceso de conocimiento del cliente, entonces el formulario del sitio es el primer eslabón de ese proceso, no un buzón de sugerencias. Pedir «nombre, email y mensaje» en la puerta de entrada de un estudio contable es desperdiciar el único momento en que la otra persona está dispuesta a contarte de qué se trata.

En la práctica, un formulario de admisión bien armado pregunta lo que sirve para decidir en treinta segundos si esto es un cliente para el estudio: forma jurídica (unipersonal, sociedad, en formación), giro real —no el que dice el RUT, el que hace—, si ya está inscripto en DGI y BPS, si tiene personal a cargo, si hoy tiene contador y por qué está buscando otro, y desde cuándo necesita empezar. Esa última pregunta sola te ordena la agenda: no es lo mismo alguien que quiere empezar el mes que viene que alguien que tiene un vencimiento el jueves. Y la penúltima es la más informativa de todas, porque la respuesta honesta a «¿por qué estás buscando otro contador?» te dice, casi siempre, si el problema lo va a traer puesto.

Con eso hay un límite que también conviene escribir en el sitio, y es de sentido común además de prudente: el formulario web no es el lugar para subir documentación. Cédulas, certificados, estados contables y balances no viajan por un formulario público; se piden después, por el canal que el estudio defina, cuando ya hay una relación. Un sitio que invita a adjuntar documentación sensible en el primer clic le está creando un problema al estudio, no resolviéndoselo. La web tiene que llegar hasta la puerta y abrirla ordenada; lo que pasa adentro se hace con las herramientas del estudio.

Un estudio no tiene temporada alta: tiene fechas

A diferencia de un comercio, cuyo pico es difuso y depende del consumo, el año de un estudio contable está marcado por vencimientos que se conocen de antemano. Eso tiene una consecuencia de diseño que casi nadie aprovecha: el sitio se puede preparar para el pico antes de que llegue, y así el pico llega con menos preguntas.

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El ejemplo más claro es la campaña de IRPF. Para 2026, la DGI publicó que el formulario en línea con la información precargada quedó disponible el 26 de junio, que las declaraciones de IRPF e IASS se presentan entre el 29 de junio y el 31 de agosto, y que este año el vencimiento no se escalona por dígito: el plazo es el mismo para todos. (Fuente: calendario de la campaña 2026 de IRPF, DGI, contrastado con la cobertura del calendario tributario publicada por proveedores del rubro. Consultado el 2 de setiembre de 2026.) Son dos meses en los que a cualquier estudio le entran consultas de gente que no es su cliente y que en muchos casos no va a serlo nunca.

Frente a eso hay dos estrategias y las dos son legítimas, pero hay que elegir una antes de junio, no durante. La primera: el estudio quiere ese trabajo, y entonces el sitio tiene una página propia para ese servicio, con qué incluye, qué necesita del cliente y hasta qué fecha se toman casos nuevos —esa última línea es la que salva agosto—. La segunda: el estudio no quiere ese trabajo, y entonces el sitio lo dice con una frase clara que orienta a la persona sin hacerla escribir. Lo que no funciona es la tercera opción, que es la que tiene casi todo el mundo: no decir nada, recibir las consultas igual, y contestarlas una por una en la semana en la que menos tiempo hay.

El mismo razonamiento aplica al resto del año: el cierre de ejercicio y la presentación de balances, los vencimientos mensuales, el aguinaldo y la licencia con su horizonte de consultas laborales, y el momento en que las empresas se plantean cambiar de estudio, que rara vez es un martes cualquiera. Un sitio que se puede editar sin llamar a nadie permite tener publicada la sección correcta en el mes correcto: subir el aviso de «hasta tal fecha tomamos declaraciones», bajarlo cuando se llenó la agenda, y volver a subirlo el año que viene. Si para hacer ese cambio hay que pedirle presupuesto a un programador, el aviso no se pone nunca. Esa es, en dos líneas, la razón por la que nos importa tanto que la web sea operable por el equipo del estudio.

La factura electrónica dejó de ser un tema y eso te cambió el cliente

La DGI comunicó la incorporación de los restantes contribuyentes de IVA al régimen de facturación electrónica: a partir del 1 de enero de 2025 son emisores electrónicos todos los contribuyentes de IVA, incluso los de IVA mínimo, con excepciones puntuales que la propia DGI enumera —entre ellas los contribuyentes del Monotributo, del Monotributo Social Mides y los exonerados por todas sus operaciones—, y quien se inscribe o reinicia actividades adquiere la calidad de emisor electrónico desde ese momento. (Fuente: comunicación de la DGI sobre la incorporación de los restantes contribuyentes de IVA, contrastada con el sitio de Factura Electrónica de la propia DGI. Consultado el 2 de setiembre de 2026.)

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Para el sitio del estudio esto tiene una consecuencia práctica que conviene aprovechar: la pregunta del cliente chico cambió de «¿tengo que facturar electrónicamente?» a «¿con qué facturo y quién me lo configura?». Es una pregunta operativa, no conceptual, y es una de las mejores puertas de entrada que tiene hoy un estudio en internet, porque la hace gente que acaba de dar de alta una empresa —o sea, gente que además necesita todo lo demás—. Si tu estudio acompaña esa puesta en marcha, tiene que estar escrito como un servicio con nombre propio, no escondido en un párrafo de «también asesoramos en».

Y hay un efecto de arrastre que es el que nos toca a nosotros: cada vez más clientes de estudios contables venden en línea, y cuando eso pasa aparecen preguntas mezcladas —cómo se documenta una venta por internet, qué pasa con los cobros por plataformas, cómo se concilia lo que muestra la tienda con lo que muestra el sistema de facturación—. Ahí el estudio queda en el medio de una conversación técnica que no es suya. Tenemos las dos mitades del asunto en casa: si tu cliente necesita una tienda que funcione, está en tienda online en Shopify, y si viene de una plataforma que le quedó chica, en migrar de WooCommerce. No vamos a opinar sobre su tratamiento tributario: para eso está el estudio.

Lo que no necesita el sitio de un estudio contable

Te lo van a ofrecer igual, y en un rubro donde el tiempo se factura por hora, cada una de estas cosas es una deuda mensual disfrazada de mejora.

  • Un blog de novedades tributarias. Es la idea que más veces se propone y la que más veces muere en la tercera entrada. Escribir sobre normativa exige tiempo profesional y actualización permanente: una nota desactualizada en el sitio de un contador no es contenido viejo, es un problema. Si nadie del estudio tiene una hora por semana comprometida, no se abre.
  • Una calculadora de impuestos. Suena espectacular y es una fábrica de reclamos: la gente la usa mal, saca un número, lo toma como cierto y después aparece con ese número en la mano. Además hay que mantenerla cada vez que cambia un parámetro. El que quiere calcular ya tiene las herramientas oficiales.
  • Un chat en vivo. En un estudio, del otro lado del chat hay alguien facturando su hora. Un chat sin nadie que lo atienda es peor que no tenerlo: promete inmediatez y la incumple a la vista de todos.
  • Un portal de clientes hecho a medida el primer día. Si el estudio ya tiene un sistema de gestión, lo que hace falta es un enlace visible al acceso que ya existe, no un portal nuevo. Construir un área privada propia significa hacerse cargo de contraseñas, permisos y documentación ajena. Es un proyecto aparte, con otro presupuesto y otras responsabilidades.
  • Fotos de gente con corbata mirando un gráfico. El banco de imágenes es reconocible al instante y transmite exactamente lo contrario de lo que un estudio quiere transmitir. Una foto real de la oficina y de las personas, aunque sea más humilde, vale diez veces más.
  • La sección de novedades con la última entrada de hace siete años. Si ya la tenés, sacala. Un espacio vacío no dice nada; un espacio con fecha vieja dice que hace siete años que nadie entra.
  • Publicar la lista de tus clientes sin haberles preguntado. Que trabajás con determinada empresa puede ser información que esa empresa no quiere publicada. Los logos de clientes se piden por escrito, uno por uno, o no se ponen.

Cuál de los dos sitios necesita tu estudio

En este rubro casi todo se resuelve con uno de estos dos. La diferencia no es de tamaño del estudio: es de cuántas puertas de entrada distintas querés tener.

Una sola página, bien hecha

Para el estudio que se maneja por referidos y necesita que el sitio confirme lo que ya le dijeron: quiénes son, qué hacen, cómo trabajan y cómo se les escribe. Todo en una página que se lee de arriba abajo, con las fichas de los profesionales y el formulario de admisión al final. Es la opción correcta para la mayoría de los estudios chicos y para los que arrancan. Desde USD 390 + IVA, que es además nuestro piso: por debajo de eso no tomamos proyectos de diseño web.

Sitio institucional con una página por servicio

Para el estudio que quiere que lo encuentren buscando cada cosa por separado —liquidación de sueldos, balances, apertura de empresas, asesoramiento a empresas del exterior— y que necesita poder agregar o sacar servicios sin llamar a nadie. Cada servicio con su página, su explicación y su propio formulario. Es el que sostiene una estrategia de búsqueda en el tiempo. Desde USD 680 + IVA.

Cómo trabajamos con estudios de Montevideo y del interior

Somos una empresa uruguaya de soporte tecnológico para PYMEs y trabajamos con clientes en todo el país: Montevideo, Canelones, Maldonado, Salto, Paysandú, Colonia. Para un estudio contable esto importa más de lo que parece, porque buena parte de la decisión pasa por el vocabulario: quien te hace la web tiene que entender sin que se lo expliques qué es un RUT, qué diferencia hay entre DGI y BPS, por qué el cierre de ejercicio no cae en diciembre para todo el mundo y por qué no da lo mismo escribir «impuestos» que «obligaciones tributarias». No traducimos plantillas de otro país.

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Un punto de contexto que suele desbloquear la decisión en estudios del interior: el cliente de un estudio contable ya no elige solo por cercanía física. Desde que la documentación se manda escaneada y las reuniones se hacen por videollamada, un estudio de Salto compite por un cliente de Montevideo y al revés. Eso convierte al sitio en el lugar donde esa competencia se juega, y es el motivo por el cual un estudio que atiende a distancia y no lo dice está perdiendo clientes que jamás va a saber que existieron.

La otra mitad de la historia es la que menos se conversa antes de firmar: quién va a poder cambiar el sitio después. Nuestro criterio es siempre el mismo —presencia digital operable—: el estudio tiene que poder cambiar un texto, sumar un profesional a la ficha, publicar el aviso de una fecha límite o corregir un servicio sin depender de nosotros. Y el dominio, a nombre del estudio: que tu proveedor figure como contacto técnico es normal y está bien; que figure como titular, no. Qué piezas componen una web y a nombre de quién queda cada una está detallado en qué necesito para tener mi página web.

Si tu estudio ya tiene sitio y el problema es otro —que quedó viejo, que nadie lo puede tocar, que el que lo hizo no contesta o que directamente no abre—, eso tiene su propio camino: el que me hizo la web no contesta y mi web no abre.

El mismo criterio, aplicado a otro servicio donde la web funciona como filtro y el calendario manda, está en diseño web para institutos y academias: ahí lo que ordena la página no es la admisión sino la ventana de matrícula.

Si tu cliente o tu empresa es B2B pero del otro extremo del país, el enfoque cambia bastante. El caso del agro está escrito aparte porque se ordena por otra cosa: no por la admisión de clientes sino por el equipo parado y el repuesto, con un calendario de expos y zafra que no perdona. Está en diseño web para el agro y maquinaria.

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Con tres datos alcanza para una primera respuesta útil: qué tipo de clientes atendés, qué servicios querés que se encuentren por separado y si hoy tenés un sitio o arrancás de cero. Escribinos cualquier día y a cualquier hora: te respondemos apenas lo vemos.

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Preguntas de estudios contables

¿Un estudio contable realmente necesita página web si vive de referidos?

Necesita una, pero no para conseguir clientes nuevos: para no perder los que ya le mandaron. El referido llega recomendado y, antes de escribir, busca el nombre del estudio. Lo que encuentra ahí no crea la confianza —esa ya se la dio quien lo recomendó—, la confirma o la desarma. Un sitio con datos viejos, sin nombres de profesionales y sin una forma clara de escribir hace que ese contacto se enfríe justo en el último paso. Por eso, para un estudio que vive de referidos, una sola página bien hecha suele rendir más que un sitio grande a medio terminar.

¿Cuánto cuesta una página web para un estudio contable en Uruguay?

Una página única, con la estructura completa de un estudio —servicios, cómo se trabaja, fichas de los profesionales y formulario de admisión—, desde USD 390 + IVA, que es también nuestro piso para proyectos de diseño web. Un sitio institucional con una página por servicio, pensado para que te encuentren buscando cada cosa por separado, desde USD 680 + IVA. Lo que mueve el precio no es el tamaño del estudio sino la cantidad de servicios que quieras posicionar por separado y si hay contenidos que haya que redactar desde cero.

¿Qué debe tener el sitio de un estudio contable para que sirva de verdad?

Seis cosas, y en este orden: a quién atiende y a quién no; los servicios nombrados como los nombra el cliente y separando lo mensual de lo puntual; cómo se trabaja —presencial, a distancia o mixto—; qué documentación necesita del cliente y cuándo; quién firma, con ficha por profesional; y cuál es el primer paso concreto, con su costo o con su gratuidad dicha sin vueltas. Si esas seis cosas están escritas, la mayoría de las consultas telefónicas desaparecen porque ya fueron contestadas.

¿Qué datos conviene pedir en el formulario de contacto de un estudio?

Los que te permitan decidir en treinta segundos si es un cliente para el estudio: forma jurídica, giro real, si ya está inscripto en DGI y BPS, si tiene personal a cargo, si hoy tiene contador y por qué busca otro, y desde cuándo necesita empezar. Esa última ordena la agenda y la anterior te anticipa el tipo de relación. Lo que no conviene es pedir documentación adjunta en el primer contacto: cédulas, certificados y estados contables no viajan por un formulario público, se piden después por el canal que el estudio defina.

¿Conviene que un estudio contable publique precios en el sitio?

No hay una respuesta única, pero sí una regla: lo que no se publica hay que reemplazarlo por otra cosa, no dejarlo en blanco. Si no vas a poner cifras, poné qué determina el precio —cantidad de movimientos, si hay personal, si hay operaciones con el exterior, si es mensual o puntual— y qué incluye cada modalidad. El visitante que se va del sitio sin ninguna referencia de orden de magnitud no te escribe: se va a buscar a alguien que se la dé. Y si publicás un desde, tiene que ser un desde real, porque desmentirlo en la primera reunión cuesta más caro que no haberlo puesto.

¿Sirve tener un blog de novedades tributarias en la web del estudio?

Solo si hay alguien del estudio con una hora por semana comprometida y sostenida en el tiempo. Escribir sobre normativa tiene un costo que otros rubros no tienen: exige tiempo profesional y obliga a revisar lo publicado cada vez que algo cambia, porque una nota desactualizada en el sitio de un contador no es contenido viejo, es un riesgo de reputación. En la práctica, para la mayoría de los estudios rinde mucho más tener bien escritas las páginas de servicios, que se leen todo el año, que un blog que muere en la tercera entrada.

Mi estudio atiende a distancia, ¿cómo lo pongo en la web sin que parezca menos serio?

Escribiendo el método, no la modalidad. «Atendemos a distancia» suena a excusa; «la documentación se envía escaneada antes del día 5, hay una reunión mensual por videollamada y las firmas presenciales se agendan cuando corresponde» suena a que hay un sistema. La diferencia entre las dos frases es que la segunda le muestra al cliente que trabajar así no es una versión reducida del servicio sino la forma normal en que el estudio trabaja. Si además atendés clientes fuera de Montevideo, decilo con las localidades: es lo que busca la gente del interior.

¿Pueden hacer la web y además ocuparse de que se mantenga actualizada?

Sí, y son dos cosas separadas a propósito. Hacemos el sitio para que tu equipo pueda cambiar textos, sumar un profesional o publicar un aviso de fecha límite sin depender de nosotros: eso es lo que llamamos presencia digital operable. Y aparte existe un plan de soporte y mantenimiento, desde USD 150/mes o USD 850/año + IVA, para que el sitio esté cuidado, actualizado y con copias. Podés tomar solo el diseño, o los dos. Lo que no hacemos es entregarte un sitio que solo nosotros podamos tocar: si para cambiar una línea tenés que escribirnos, esa no es tu web.

Hasta dónde llega lo que hacemos

Bioma es una empresa de soporte tecnológico para PYMEs. No damos asesoramiento contable, tributario ni legal, no interpretamos normativa y no dictaminamos si tu estudio es sujeto obligado, qué procedimiento de debida diligencia le corresponde ni cómo debe documentarlo: eso lo definís vos con la normativa y con tu propio asesoramiento profesional. Lo nuestro es la parte que vive en la web: que esté bien escrita, que diga lo que tiene que decir, que le llegue a quien tiene que llegarle y que tu equipo la pueda operar sin depender de un programador.

Leer el detalle

En esta página no hay métricas de conversión, porcentajes de consultas ahorradas ni cifras de mercado: no tenemos datos propios para sostener ninguno de esos números y, en un rubro que trabaja con números ajenos, nos parece especialmente feo inventarlos. Las tres referencias normativas —la campaña de IRPF 2026, el régimen de facturación electrónica y la condición de sujeto obligado de los contadores— están citadas con su fuente y con la fecha en que las consultamos, y pueden cambiar: verificalas antes de tomar cualquier decisión. Los únicos números propios son nuestros precios. Última actualización: 2 de setiembre de 2026.