¿La hago yo o la contrato? No estás comparando precios

Un constructor de páginas web no te ahorra el trabajo: te lo transfiere. Acá está cuál es exactamente ese trabajo, cuándo conviene de verdad quedárselo —hay casos, y los escribimos— y cuándo hacerla vos termina saliendo más caro que contratarla.

La comparación que te muestran es de precios. La real es de trabajo

De un lado, un abono mensual bajo en dólares y la promesa de tener tu sitio “en una tarde”. Del otro, un presupuesto de varios cientos de dólares por única vez. Puesto así, no hay discusión. El problema es que esos dos números no están midiendo lo mismo.

Leer el detalle

El precio del constructor cubre una herramienta. El presupuesto del estudio cubre un resultado. Entre una cosa y la otra hay una cantidad de trabajo que no desaparece porque cambies de camino: alguien tiene que decidir qué dice la home, escribir los textos, conseguir las fotos, ordenar la información para que un desconocido entienda en diez segundos a qué te dedicás, conectar el dominio, probar que el formulario efectivamente llegue a algún lado y actualizar el sitio cuando cambie un precio.

Cuando contratás, ese trabajo lo hace otro y vos lo pagás en plata. Cuando lo hacés vos, lo pagás en horas —tuyas, o de alguien de tu equipo que en ese rato no está haciendo lo que sabe hacer—. La pregunta correcta no es cuál es más barato, sino cuál de las dos monedas te sobra hoy. Si tenés más tiempo que plata, hay una respuesta honesta y está más abajo. Si tenés más plata que tiempo, hay otra.

Escribimos esta página sabiendo que en varios de los casos que vas a leer la recomendación es que no nos contrates. Nos parece mejor negocio decirlo acá que descubrirlo juntos a mitad de un proyecto. Si lo que estás juntando ahora son números y no argumentos, el detalle está en cuánto cuesta una página web en Uruguay.

Las cinco tareas de una web y quién las hace en cada camino

Hacer una página web son cinco trabajos distintos. Un constructor resuelve muy bien uno de los cinco. Vale la pena saber cuál, porque es exactamente ahí donde la publicidad pone la cámara.

01

Decidir qué dice el sitio

Qué secciones hay, en qué orden, qué va arriba de todo y qué se saca. Es la tarea que más define si el sitio funciona y la única que no tiene botón. Un editor visual te da infinitas opciones y ninguna respuesta: podés mover cualquier cosa a cualquier lado, y esa libertad es justamente el problema cuando lo que necesitás es que alguien te diga qué va primero. En el camino propio: queda entera de tu lado, y suele ser la que más días se lleva, porque no se resuelve trabajando sino decidiendo.

02

Producir el contenido

Textos, fotos, el logo en archivo original, los datos verificados de la empresa. Acá hay una simetría incómoda: esta tarea es tuya en los dos caminos. Contratando un estudio, se puede delegar la redacción —se cotiza aparte, porque es trabajo de entrevista— pero la materia prima sale igual de adentro de tu empresa. Es, con diferencia, lo que más atrasa los proyectos; el detalle de por qué está en cuánto tarda hacer una página web.

03

Armarlo y que se vea bien en el celular

Esta es la tarea que los constructores resuelven de verdad, y hay que reconocerlo sin recortes: hace quince años armar una página que se viera bien en un teléfono era un trabajo técnico, y hoy no lo es. Una plantilla decente te da tipografías consistentes, un menú que funciona en el celular y una estructura que no se rompe. Si el único problema que tenías era este, el constructor te lo resuelve y no necesitás a nadie. El asunto es que casi nunca es el único.

04

Conectar la parte administrativa

El dominio apuntando al sitio, el correo con tu dominio funcionando, la medición instalada, el sitio dado de alta en las herramientas de Google y —la que más se rompe en silencio— el formulario probado con un envío real, no confiando en el mensaje verde de “enviado”. Un formulario que dice que anduvo y cae en una casilla que nadie mira es peor que no tener formulario. En el camino propio esto queda de tu lado, y es la parte donde una tarde se convierte en tres. Qué es cada pieza y a nombre de quién queda está en qué necesito para tener mi página web.

05

Sostenerlo con el tiempo

Cambiar un precio, sacar un servicio que ya no das, renovar el dominio antes de que venza, revisar una vez por año que todo siga llegando. Es la tarea más barata de todas y la que más sitios mata, porque no tiene fecha ni urgencia hasta que la tiene. Es la única de las cinco donde el camino propio tiene una ventaja real: si armaste el sitio vos, sabés cómo tocarlo. Ese es el argumento más fuerte del bricolaje y conviene decirlo sin envidia. Lo que sale al año, en cuánto cuesta mantener una web al año.

Cuándo sí conviene que la hagas vos

Estos cinco casos son reales y los vemos seguido. Si estás en alguno, agarrá un constructor y publicá esta semana: una web hecha por vos y publicada le gana por lejos a una web nuestra que nunca encargaste.

  • 01Todavía no vendiste nada. Si estás probando si la idea le interesa a alguien, lo que necesitás es una página que exista y un teléfono que suene, no una identidad. Invertir en diseño antes de la primera venta es ordenar la vidriera de un negocio que todavía no sabés si vas a abrir. Publicá algo simple, vendé, y volvé a esta conversación con datos.
  • 02Tenés un evento con fecha y faltan diez días. Una feria, un lanzamiento, una charla. Necesitás una dirección para poner en el flyer y un lugar donde caiga la gente. Eso se resuelve solo, hoy, y no compite con nada: cuando pase el evento vas a saber muchísimo mejor qué tiene que decir tu sitio definitivo.
  • 03Sos una persona sola vendiendo tu tiempo y tu diferencial no es la marca. Un profesional que trabaja por referidos y necesita un lugar donde mostrar quién es, qué hace y cómo lo contactan. Si tu cliente llega recomendado y entra a la web solo a confirmar que existís, una página propia bien hecha alcanza y sobra.
  • 04Ya tenés adentro a alguien que lo hace y le gusta. Pasa más de lo que parece: alguien del equipo maneja las redes, tiene buen ojo y disfruta esto. Si esa persona tiene el tiempo asignado —asignado de verdad, no “cuando pueda”—, estás en la mejor situación posible, porque además te quedás con la tarea 05 resuelta para siempre.
  • 05El presupuesto de este mes es cero. Sin eufemismos: si hoy no hay plata para esto, no la hay, y no tener nada publicado es peor que tener algo modesto. Hacela vos, dejá el dominio a nombre de tu empresa desde el primer día —eso no cuesta más y te ahorra el peor problema del futuro— y contratá el día que el sitio tenga que empezar a trabajar en serio.

Cuándo hacerla vos termina saliendo más caro

No porque el resultado quede feo. Porque en estos cinco casos el sitio tiene que hacer un trabajo específico, y cuando no lo hace la pérdida no aparece en ninguna factura: aparece en las ventas que no se dieron y nadie contó.

  • Cuando la web tiene que sostener una venta grande. Si tu ticket se mide en miles de dólares o le vendés a empresas, tu sitio no es un folleto: es el momento en que alguien decide si sos una empresa seria. Ahí una plantilla reconocible juega en contra, y no por estética: porque comunica exactamente lo que estabas tratando de disimular.
  • Cuando ya tenés un sitio con posicionamiento. Rehacer por tu cuenta un sitio que hoy recibe visitas de Google es la forma más rápida y silenciosa de perderlas: cambian las direcciones internas, no se arman las redirecciones y el tráfico que tardaste años en juntar se cae en una semana. Es un trabajo técnico y aburrido, y es exactamente donde vale la pena pagarle a alguien.
  • Cuando vas a cobrar desde el sitio. Vender no es agregar un botón. Es catálogo, variantes, stock, costos de envío por zona, medios de pago dados de alta a nombre de tu empresa y un circuito de pedido que no deje a nadie a mitad de camino. Cada una de esas cosas es un lugar donde se pierde plata a diario y sin aviso. Los números están en cuánto cuesta una tienda online en Uruguay.
  • Cuando la persona que la va a hacer es la que factura. El caso más común de todos y el peor negocio del rubro: el dueño de una empresa chica, que es también el que vende, dedicándole noches a mover bloques. No es que no pueda; es que cada hora ahí vale lo que vale su hora vendiendo, y esa cuenta casi nunca se hace porque la hora propia se siente gratis.
  • Cuando la plantilla te obliga a inventar contenido que no tenés. Es un efecto que casi nadie anticipa: la plantilla trae un espacio para “nuestro equipo”, otro para testimonios, otro para tres casos de éxito. Como los espacios están, se llenan —con fotos de banco, con frases genéricas, con clientes que no existen—. Terminás con un sitio que dice cosas que no son tuyas, y eso en un mercado chico como el uruguayo se nota mucho más rápido de lo que uno cree.

La cuenta que nadie hace: cuántas horas te va a llevar

No te vamos a dar un número de horas, porque cualquier número que pongamos acá va a ser inventado: depende de tu sitio, de tu soltura y de cuánto contenido ya tengas. Lo que sí podemos darte es el procedimiento para que lo midas vos, y lleva una tarde.

Leer el detalle

Uno: poné precio a tu hora. Tomá lo que le facturás a un cliente por una hora de tu trabajo. Si no facturás por hora, dividí lo que la empresa factura en un mes por las horas que trabajás en ese mes. No es una cuenta fina y no hace falta que lo sea: alcanza con dejar de tratar tu tiempo como si fuera gratis.

Dos: hacé una sola página, entera, y cronometrala. No la home: elegí una interior, la de un servicio. Terminada de verdad, con el texto escrito, la foto puesta y revisada en el celular. Anotá el tiempo real, incluidas las veces que te fuiste a buscar el logo. Después contá cuántas plantillas distintas necesita tu sitio —no cuántas páginas: si tenés seis servicios que se ven igual, es una plantilla— y multiplicá.

Tres: sumá la parte administrativa aparte. Conectar el dominio, el correo, la medición y probar el formulario con un envío real no escala con la cantidad de páginas: es un bloque fijo, se hace una vez y suele ser el que más sorprende, porque es donde aparecen los problemas que no se resuelven mirando un tutorial.

Y ahora la parte que hace que la cuenta se quede corta siempre, y que es el verdadero costo del camino propio: esas horas no son continuas. No vas a sentarte dos días seguidos a hacer tu web; vas a hacerla de a cuarenta minutos, entre cliente y cliente, y de noche. Cada vez que volvés perdés diez minutos en acordarte dónde estabas. El resultado no es un proyecto de veinte horas: es un proyecto de veinte horas que dura cinco meses y se publica a medias, o no se publica. Lo caro nunca fueron las horas. Fue el tiempo que el sitio no existió.

Lo que cambia si tu empresa está en Uruguay

Hay tres diferencias locales que la comparación genérica de internet no toma en cuenta, y las tres empujan para el mismo lado. La primera es el dominio. Un constructor internacional te vende un .com en dos clics dentro de su propia cuenta, y ahí el titular termina siendo, en los hechos, quien abrió esa cuenta. El .com.uy funciona distinto: el trámite uruguayo te obliga a declarar titular, contacto administrativo, técnico y de pago por separado, con cédula o RUT del titular. Cómo funciona y por qué importa está en qué necesito para tener mi página web.

Leer el detalle

La segunda es a quién le reclamás. Un constructor global tiene soporte, y suele ser bueno, pero es soporte de la herramienta: te explican dónde está el botón, no por qué tu sitio no le sirve a tu negocio. Y está en inglés, en otro huso horario y contestando a alguien que no sabe qué es una mutualista, una guía de despacho ni por qué en Uruguay medio mundo consulta por WhatsApp antes de escribir a un formulario.

La tercera es la factura. El abono de un constructor se paga con tarjeta internacional, en dólares, todos los meses y sin comprobante local; si tu empresa lleva contabilidad formal, eso es una conversación con tu contador que conviene tener antes y no en el cierre. Nosotros somos una empresa uruguaya con base en Montevideo y trabajo en Canelones, Maldonado, Salto, Paysandú y el interior: mismo huso horario, misma moneda de conversación y factura local.

Ninguna de las tres convierte al constructor en mala idea. Las tres explican por qué la comparación que leíste en un blog escrito para otro país te queda corta acá: no es el mismo trámite, no es el mismo soporte y no es la misma factura.

El camino del medio, que es el que más usamos

La pregunta viene planteada como si fueran dos puertas. En la práctica hay una tercera, y es la que resuelve mejor la mayoría de los casos reales que nos llegan.

Chico y bien hecho, en vez de grande y a medias

Una one page desde USD 390 + IVA —que es además nuestro mínimo— con lo que el sitio tiene que decir sí o sí, resuelta por nosotros y en manos de tu equipo para editar. Cuesta menos que la mayoría de los proyectos que se empiezan y no se terminan, y se agranda después sin rehacer nada. Es la recomendación honesta para el negocio que todavía no sabe cuánta web necesita.

Nosotros la base, vos el contenido

Nosotros resolvemos las tareas 01, 03 y 04 —la estructura, el armado y toda la parte administrativa— y tu equipo se queda con la 02 y la 05: escribe los textos y opera el sitio después. Es más barato que delegar todo y, sobre todo, deja adentro de tu empresa la capacidad de cambiar las cosas. Eso es exactamente lo que llamamos presencia digital operable, y no es una frase de venta: es la diferencia entre tener un activo y alquilar un servicio.

Te contesta alguien en hora de Montevideo

Contanos tu caso y te decimos si te conviene contratarnos.

Escribinos qué vendés, a quién y qué tenés hoy publicado. Si tu caso es de los que se resuelven solos, te lo decimos y te dejamos el camino corto; si no, te pasamos qué haríamos nosotros y cuánto sale. Escribinos cualquier día y a cualquier hora: te respondemos apenas lo vemos.

  • Sin compromiso
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  • Si no te conviene contratar, te lo decimos

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Preguntas sobre hacerla o contratarla

¿Es más barato hacer la página web yo mismo?

En plata desembolsada, casi siempre sí. En costo total, depende de una sola variable: cuánto vale tu hora y cuántas necesitás. El camino propio no elimina el trabajo, lo transfiere: seguís teniendo que decidir qué dice el sitio, escribir los textos, conectar el dominio y el correo, y sostenerlo después. Si tu hora vale poco hoy porque estás arrancando, hacela vos. Si tu hora es la que factura, la cuenta se da vuelta bastante antes de lo que parece.

¿Sirve un constructor tipo Wix o Squarespace para una empresa uruguaya?

Sirve, y no vamos a decir lo contrario. Resuelven bien la parte de armado y de que se vea correcto en el celular. Las tres cosas que conviene mirar antes son locales: que el dominio quede a nombre de tu empresa y no dentro de la cuenta del constructor, que el abono se paga en dólares con tarjeta internacional y sin comprobante local, y que el soporte te explica dónde está el botón pero no si tu sitio le sirve a tu negocio. Con eso claro, es una opción legítima.

¿Cuántas horas me lleva hacer mi propia página web?

Cualquier número que te demos sería inventado, así que te damos el método: hacé una sola página interior, terminada de verdad, y cronometrala; contá cuántas plantillas distintas necesita tu sitio —no cuántas páginas— y multiplicá; después sumá aparte el bloque administrativo, que es fijo y no escala. Y agregá el factor que rompe la cuenta: esas horas no van a ser continuas, van a ser de a ratos y de noche, así que el proyecto no dura veinte horas, dura los meses que tarden en aparecer.

Hice mi web en un constructor y quiero pasarla a algo mejor, ¿se puede?

Sí, y es un pedido habitual. Los textos y las fotos se reaprovechan casi siempre; el diseño se rehace, porque las plantillas no salen de su plataforma. Lo importante es lo otro: si el sitio ya recibe visitas de Google hay que armar el mapa de redirecciones antes de mover nada, y hay que verificar dónde está registrado el dominio y a nombre de quién, porque si quedó dentro de la cuenta del constructor ese es el primer trámite y no el último.

¿Puedo hacer la primera versión yo y contratarlos más adelante?

Es un camino que nos parece bien y lo recomendamos seguido. Dos consejos para que después no cueste caro: registrá el dominio a nombre de tu empresa desde el primer día, que no cuesta más y evita el peor problema del futuro; y guardá los textos y las fotos originales en una carpeta tuya, fuera de la plataforma. Con esas dos cosas hechas, pasar a un sitio propio más adelante es un proyecto normal y no un rescate.

Si la hago yo, ¿el dominio y el correo también los resuelvo yo?

Sí, y es la parte donde una tarde se convierte en tres. El dominio hay que registrarlo y apuntarlo al sitio; el correo con tu dominio es un servicio aparte con su propio abono. Un detalle que casi nadie mira y que después duele: el correo corporativo es donde llegan los avisos de vencimiento de todo lo demás. Si esa casilla no es tuya o no la mira nadie, los avisos existen pero no los lee nadie.

¿Una web hecha con plantilla posiciona peor en Google?

Que sea una plantilla no la penaliza por sí mismo. Lo que sí pesa es lo que uno suele hacer con ella: dejar los textos genéricos que venían de ejemplo, repetir la misma descripción en todas las páginas, no escribir contenido propio sobre lo que hacés y cargar imágenes pesadas sin optimizar. Ninguna de esas cuatro cosas es culpa de la herramienta. Todas se arreglan escribiendo contenido propio, que es —otra vez— la tarea que no tiene botón.

¿Y si le pido a una inteligencia artificial que me la haga?

Resuelve muy bien el primer borrador de los textos y te saca de la hoja en blanco, que no es poco. Lo que no resuelve son las dos cosas que decidían la comparación: no sabe qué tiene de particular tu empresa —eso sale de adentro tuyo o no sale— y no se hace responsable de lo que escribe, así que si publica un dato de tu negocio que no es exacto, el que lo firma sos vos. Usala para arrancar y para ordenar ideas; revisá cada dato, cada precio y cada promesa antes de publicar.

Hasta dónde llega lo que hacemos

Bioma es una empresa de soporte tecnológico para PYMEs: no somos agencia de marketing ni asesores contables. No damos recomendaciones sobre cómo tratar fiscalmente el abono de una herramienta extranjera —eso lo consultás con tu contador— y no vendemos, revendemos ni cobramos comisión por constructores, alojamientos ni plataformas de terceros. Lo nuestro es que la parte que vive en la web esté resuelta y la pueda operar tu equipo.

Leer el detalle

En esta página no hay comparaciones de precios de terceros ni cifras de horas, y es a propósito: los abonos de los constructores cambian según el país, la moneda y las promociones, y las horas dependen de tu caso. Por eso damos el método para que midas lo tuyo en vez de un número que envejece mal. Los únicos precios de esta página son los nuestros. Última actualización: 27 de agosto de 2026.