Diseño web para bodegas: tu sitio vende tres cosas distintas
Una bodega uruguaya no tiene un negocio en internet: tiene tres. La botella, la visita y el contacto de exportación son tres compradores distintos, con tres tickets distintos y tres momentos del año distintos, y casi todos los sitios del rubro están armados como si fueran uno solo. Tienda online en Shopify desde USD 815 + IVA; sitio institucional con enoturismo desde USD 680 + IVA.
El sitio de una bodega casi nunca falla por diseño
Los sitios de bodegas uruguayas suelen ser lindos. Tienen buenas fotos de los viñedos, tipografía cuidada, una historia familiar bien contada y un mapa. Lo que casi ninguno tiene es una respuesta clara a la pregunta que trae a cada visitante: si vine a comprar una caja, ¿dónde aprieto? Si vine a ir el sábado con seis personas, ¿está abierto y cuánto sale? Si vine a distribuir tu vino en otro país, ¿a quién le escribo y qué me vas a pedir? Tres preguntas, tres personas, y un solo formulario de contacto que las recibe a todas mezcladas.
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La consecuencia es siempre la misma y no se ve en ninguna métrica: el trabajo se corre de la web al teléfono. Alguien de la bodega —que además atiende el salón, coordina la logística y en febrero está en la cosecha— termina contestando de a una consultas que el sitio podría haber contestado solo. En un negocio con equipos chicos eso no es una molestia: es el techo del negocio. La cantidad de visitas que podés vender por mes no la define la demanda, la define cuántos mensajes alcanza a contestar una persona.
Y hay un segundo problema, más silencioso, que es el que nos hace escribir esta página: el sitio de una bodega cambia todo el año y casi nunca puede cambiarlo la bodega. Se agota una añada, se abre la agenda de la temporada, se suma una etiqueta nueva, cambia el horario de visitas en invierno. Si cada uno de esos cambios necesita un presupuesto y una semana de espera, el sitio queda desactualizado, y un sitio desactualizado en este rubro no es feo: es directamente mentiroso, porque ofrece un vino que no hay y un horario que no es.
Tres negocios, un solo dominio
Antes de hablar de diseño conviene separarlos, porque cada uno se mide distinto y se rompe distinto. Una bodega puede tener los tres, dos o uno solo: lo que no puede es tener los tres y tratarlos igual.
La botella — venta directa al consumidor
Ticket bajo, decisión rápida, competencia alta y una logística ingrata: el vino es pesado, es frágil y viaja en caja de seis o de doce. Acá el sitio es una tienda de verdad, con stock por añada, packs armados, costo de envío claro antes del último paso y una fecha de entrega que se pueda prometer. El detalle que hunde más carritos de vino que ningún otro es justamente el envío: si el precio del flete aparece recién al final, la caja se abandona. La contracara es que es el único de los tres canales que te deja el margen entero, sin distribuidor en el medio, y el único que te deja saber quién es tu cliente por nombre.
La visita — enoturismo
Es el negocio con mejor ticket por operación y el peor atendido en la web. No se compra un producto: se reserva un día, una hora y una cantidad de personas, y eso es una agenda, no un carrito. El visitante quiere saber tres cosas antes de escribir: si está abierto el día que él puede ir, cuánto sale por persona y cuánto dura. Si el sitio no responde esas tres, la consulta llega igual —por WhatsApp, un jueves a las once de la noche— y alguien la tiene que contestar a mano. Y el que reserva una visita compra vino después: es el único canal que convierte a un turista en cliente de por vida.
El contacto comercial — distribución y exportación
No compra online y no va a comprar online. Es un importador, un distribuidor, una cadena o el responsable de una carta, y lo que necesita del sitio es otra cosa: fichas técnicas por producto, fotos de botella en alta resolución y con fondo limpio, datos de la añada, capacidad de producción y una persona con nombre a quien escribirle. Es el visitante que menos veces entra y el que más plata mueve, y es al que peor lo tratan los sitios del rubro, que lo mandan al mismo formulario que a quien quiere saber si hay estacionamiento.
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La decisión de arquitectura que sale de acá es sencilla de decir y cambia el presupuesto: no todas las bodegas necesitan tienda. Si tu volumen está en distribución y tu crecimiento está en el turismo, lo que necesitás es un sitio institucional que resuelva visitas y contacto comercial, y no una tienda con doce etiquetas que vende cuatro cajas por mes y te obliga a mantener stock, envíos y cobros por eso. Al revés también vale. Ese es el primer trabajo de un proyecto serio: decidir cuáles de los tres negocios entran al sitio esta vez.
Tu etiqueta pasó por un registro. La ficha del sitio, por nadie
Este es el punto que separa a una tienda de vinos de una tienda de cualquier otra cosa, y es el que más veces vemos resuelto de memoria. En Uruguay lo que dice una etiqueta de vino no es texto libre: está reglamentado, y las etiquetas de los vinos de calidad preferente se presentan para su aprobación y registro ante el INAVI. La ficha de producto de la tienda online, en cambio, la escribe cualquiera —muchas veces el proveedor que armó el sitio, copiando de la contraetiqueta— y no la revisa nadie nunca más.
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Vale la pena conocer las reglas aunque no sea tu trabajo redactarlas, porque explican por qué ciertos datos no son adorno. El Decreto 283/993, que regula los vinos de calidad preferente, trata la variedad de uva, el año de cosecha y la indicación geográfica de la zona de producción como indicaciones facultativas: no estás obligado a ponerlas, pero si las ponés tienen condiciones. Cuando se indica la denominación varietal, la variedad mencionada debe intervenir como mínimo en un 85 % en la elaboración del vino (artículo 11). Cuando se indica el año de cosecha, la totalidad del vino —o como mínimo el 85 %— debe provenir de esa cosecha (artículo 10). Y para usar un nombre geográfico, la producción de la uva tiene que haber ocurrido en la zona correspondiente y debe obtenerse la certificación del órgano de fiscalización competente (artículo 17).
Hay además una mención que la norma vuelve obligatoria y que casi ninguna ficha web replica: el Decreto 171/014 establece que en la rotulación de los productos vitivinícolas nacionales, tanto para el mercado interno como para exportación, es obligatorio incluir la referencia al vino como bebida nacional vinculada al país, en las formas y condiciones que determine el INAVI. Está en la botella. En buena parte de las tiendas online del rubro, no está en ningún lado.
Qué hacemos nosotros con eso, que no es asesorarte. No somos abogados ni enólogos y no dictaminamos si tu etiqueta cumple: eso ya lo resolviste con quien corresponde. Lo nuestro es de diseño y de estructura, y es concreto: que la ficha de producto tenga campos fijos —variedad, añada, zona, volumen, graduación, guarda, nota de cata— en vez de un párrafo libre donde cada vino dice cosas distintas; que esos campos salgan del mismo lugar en la tienda, en el buscador interno y en la ficha técnica que descarga un importador; y que los pueda editar tu equipo el día que sale la añada nueva, sin llamar a nadie. La regla, dicha corta: lo que la etiqueta ya dice, la web lo repite; no lo reinventa.
El beneficio no es solamente de prolijidad. Una ficha con campos fijos es la que después te deja filtrar por variedad y por añada sin rehacer la tienda, la que permite armar packs sin volver a escribir cada descripción, la que le sirve al buscador para entender qué vendés, y la que un importador puede leer sin escribirte para preguntar la graduación. Un párrafo libre no hace nada de eso, y encima envejece: el día que cambia la añada hay que releerlo entero para ver qué línea decía 2021. Fuentes: textos oficiales del Decreto 283/993 y del Decreto 171/014 publicados por IMPO, contrastados con la base de legislación vitivinícola de WIPO Lex. Consultado el 9 de setiembre de 2026.
La visita cambió de reglas y tu web es la única página que controlás vos
En 2025 el enoturismo uruguayo pasó a tener un registro único, y conviene tenerlo presente porque cambia dónde aparece tu bodega. Por un acuerdo entre el Ministerio de Turismo y el INAVI, formalizado en la Resolución INAVI N.º 025/2025 del 4 de setiembre de 2025, los establecimientos vitivinícolas que ofrecen servicios turísticos deben estar inscriptos en el Registro de Operadores Turísticos del Ministerio para seguir publicados como establecimientos enoturísticos en el sitio del INAVI y para acceder a los beneficios de promoción, como la participación en ferias y las actividades conjuntas. La comunicación oficial fijó el 1.º de diciembre de 2025 como plazo para regularizar la inscripción.
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No es un trámite del que nos ocupemos nosotros y no damos asesoramiento sobre habilitaciones: se hace ante el Ministerio y la información oficial está en su portal. Lo traemos acá por lo que significa para el sitio, que es un argumento incómodo y verdadero: tu presencia en los listados de terceros depende de decisiones de terceros. Los directorios cambian de reglas, los buscadores cambian de criterio y las redes cambian de alcance, y ninguna de esas tres cosas te avisa antes. La única página del mundo donde tu bodega decide qué dice, qué precio muestra y qué días abre es la tuya. Por eso vale la pena que esa página esté a la altura y, sobre todo, que la puedas cambiar el mismo día que cambia algo.
Qué necesita la página de visitas, en concreto. Las tres respuestas del principio, arriba y sin tener que buscar: qué días y a qué hora se puede ir, cuánto sale por persona y cuánto dura. Después, lo que evita el ida y vuelta: mínimo y máximo de personas, con cuánta anticipación hay que reservar, si incluye comida, si hay opción sin alcohol para el que maneja, si el lugar es accesible, si se puede ir con chicos, cómo se llega y dónde se estaciona. Y si hay reserva en línea, la regla es una sola: que la agenda que ve el visitante sea la misma que ve la bodega. Dos agendas paralelas terminan siempre en una sobreventa un sábado de marzo.
Un apunte de idioma, porque en enoturismo no es cosmético. Buena parte del visitante que paga el ticket más alto llega de afuera y no lee español. Un sitio con la sección de visitas en inglés —solo esa sección, no el sitio entero— resuelve más que una traducción completa hecha a las apuradas, que además nadie va a mantener. Y si tu bodega recibe grupos de agencia o contingentes, la página que necesitás no es la misma: ahí lo que se busca es capacidad, horarios fijos y una tarifa para grupo, y conviene que viva aparte y no mezclada con la visita de dos personas un domingo.
El año de una bodega no es el año de un comercio
Un comercio tiene picos previsibles y bastante parecidos entre rubros. Una bodega tiene un año propio, con momentos en los que el sitio tiene que decir algo distinto y momentos en los que nadie de la bodega va a tener un minuto para tocarlo. Las dos cosas se planifican juntas o no se planifican.
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Enero a abril: la vendimia. Es la temporada alta del enoturismo y, a la vez, la peor ventana del año para pedirle cambios a la bodega. Sirve como referencia de la ventana real: según los datos de cierre difundidos por el INAVI, la vendimia 2026 terminó el viernes 3 de abril, con 93.169.918 kilos cosechados sobre unas 5.750 hectáreas. Todo lo que el sitio tenga que decir en ese trimestre —agenda de visitas, actividades de cosecha, precios de temporada— tiene que estar cargado en diciembre. La alternativa realista, y la que proponemos: que cargarlo lleve veinte minutos y lo pueda hacer quien atiende el salón.
14 de abril: el Día del Tannat. Lo instituyó el INAVI en homenaje a Pascual Harriague, el vasco francés al que se atribuye la difusión de la cepa en el país, nacido un 14 de abril. Es una de las pocas fechas del año en las que la conversación pública sobre vino uruguayo no la genera tu bodega sino el calendario. Una bodega con una página que puede cambiar sola llega con algo publicado; una que depende de un tercero para mover una foto, no llega.
Mayo a agosto: el invierno. Baja el turismo y sube el consumo interno de tinto. Es la ventana buena para trabajar el canal de la botella, mover packs, preparar el material que necesita el canal de exportación y —esto es lo importante— hacer cambios de fondo en el sitio, que es cuando hay gente disponible para revisar textos y sacar fotos. Todo proyecto de web para bodega que arranca en enero llega tarde a algo.
Setiembre a diciembre: regalos y empresas. El cierre del año concentra la venta corporativa —cajas para clientes, etiquetas personalizadas, pedidos grandes con una fecha de entrega que no se puede correr— y es el momento en que más plata deja escapar un sitio mal armado, porque el que compra treinta cajas para su empresa necesita una cotización y una factura, no un botón de comprar. Una página de regalos corporativos con un formulario que pida cantidad, fecha y si lleva personalización vale más que toda la tienda en esos tres meses.
Hay un dato más del cierre de vendimia que conviene mirar con cabeza comercial: el INAVI contabiliza alrededor de 750 empresas del sector, unos 600 viticultores y unas 150 bodegas. Es un universo chico. No estás compitiendo por atención contra miles de competidores: estás compitiendo contra ciento y pico, y una buena parte todavía no resolvió ninguna de las tres cosas de esta página. En un mercado así, la ventaja no la da gastar más: la da llegar antes y poder cambiar rápido.
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Lo que dejamos armado
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La ficha de vino con campos fijos.
Variedad, añada, zona, volumen, graduación, guarda y nota de cata como campos separados, iguales en todos los productos y editables por tu equipo. De ahí salen después los filtros, los packs y la ficha técnica descargable.
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La página de visitas que contesta sola.
Días, horarios, precio por persona, duración, mínimos y máximos, qué incluye y cómo se llega. Con reserva en línea si el volumen lo justifica, y siempre con una sola agenda.
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La puerta del canal comercial, separada.
Zona de distribuidores e importadores con fichas técnicas, fotos de botella en alta y un contacto con nombre, para que no caiga en el mismo buzón que las consultas de estacionamiento.
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La tienda en Shopify, si corresponde.
Stock por añada, packs, envío calculado antes del último paso y cobros con los medios que se usan en Uruguay. Si tu caso no la justifica, te lo decimos y no la hacemos.
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La página de regalos corporativos.
Un formulario que pregunta cantidad, fecha de entrega y personalización, y que termina en una cotización, no en un carrito.
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La sección de visitas en inglés.
Solo esa, bien hecha, para el visitante que llega de afuera y paga el ticket más alto.
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Fotos y piezas coherentes con la etiqueta.
Botella recortada, fondo limpio y la misma familia visual en tienda, redes y material para distribuidores. Si necesitás volumen mensual de piezas, eso es diseño gráfico mensual.
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Todo a nombre de la bodega.
Dominio, tienda, plataforma y correos quedan con la bodega como titular. Nosotros figuramos como contacto técnico, que es lo que corresponde.
Lo que no necesita tu bodega, aunque te lo van a ofrecer
Escribimos esto porque saca trabajo y plata de encima, y porque casi todo lo de esta lista se vende bien en una reunión y se abandona a los tres meses.
- Una tienda online porque «hay que tenerla». Si tu volumen está en distribución y vendés cuatro cajas por mes desde el sitio, la tienda te suma stock, envíos, cobros y una vidriera vacía. Mejor una página de producto impecable y un canal de contacto que funcione.
- Un club de vinos el primer día. Una suscripción es una promesa mensual: cobro recurrente, armado, envío y atención, todos los meses y para siempre. Es un negocio precioso y es otro negocio. Se monta cuando la venta directa ya camina, no para arrancarla.
- Traducir el sitio entero a tres idiomas. Cuesta caro, envejece mal y no lo actualiza nadie. Con la sección de visitas en inglés cubrís al visitante que efectivamente paga.
- Un tour virtual en 360°. Se ve espectacular en la presentación, pesa muchísimo, se mira una vez y no reserva una sola visita. Si sobra presupuesto, poné cuatro fotos buenas del lugar y un video corto.
- Un blog de notas de cata sin quién lo escriba. El costo real de un blog no es hacerlo: es sostenerlo. Un blog con dos entradas de hace dos años dice sobre tu bodega exactamente lo contrario de lo que querés que diga.
- Rehacer la marca para poder lanzar. Si la etiqueta ya está aprobada y funciona, la web se hace con eso. Rediseñar la identidad es un proyecto propio y no debería ser el requisito para tener el sitio arriba este verano.
- Un sitio que solo puede tocar quien lo hizo. Es el más caro de la lista aunque salga barato: se paga todos los meses del año, en cambios que no se hacen.
Cómo trabajamos con bodegas uruguayas
Bioma es una empresa de soporte tecnológico para PYMEs uruguayo. Trabajamos con bodegas y viñedos de Canelones, Montevideo, Maldonado, Colonia, San José, Salto y Paysandú, que es donde está repartida la producción del país, y también con proyectos chicos de venta directa que todavía no tienen local de visitas. Empezamos siempre por la misma conversación: cuál de los tres negocios —botella, visita, contacto comercial— es el que hoy paga las cuentas y cuál es el que querés hacer crecer. De esa respuesta sale el alcance, y bastante seguido sale un proyecto más chico del que venías a pedir.
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Si el camino es tienda online, la hacemos en Shopify y no en otra plataforma. El motivo es de soporte y lo explicamos sin vueltas: cuando la tienda deja de cobrar un sábado a la tarde, lo que importa no es de quién es la culpa sino a quién se le reclama y en cuánto se resuelve. Con una plataforma hay una empresa responsable detrás; con un armado de complementos de terceros, esa pregunta no tiene respuesta. Si estás eligiendo plataforma por primera vez, la comparación completa está en Tiendanube o Shopify, donde también decimos en qué casos no somos nosotros. Si ya tenés tienda y querés mudarla, el orden está en migrar de Tiendanube a Shopify.
Si tu bodega vive sobre todo del turismo de temporada y el negocio se juega entre diciembre y marzo, conviene leer también diseño web para negocios de temporada en Punta del Este: el calendario es distinto al de la vendimia, pero el problema de fondo es el mismo, que es llegar con el sitio cargado antes del pico. Y si lo que buscás es el panorama general del servicio, sin el recorte del rubro, está en diseño web en Uruguay y en tienda online en Uruguay. Si estás juntando números, en cuánto cuesta una tienda online están los rangos y lo que los mueve.
Escribinos cualquier día y a cualquier hora, por WhatsApp o a comercial@biomadigital.com: te respondemos apenas lo vemos. Si nos contás cuántas etiquetas tenés, si hacés visitas y si vendés al exterior, en el primer mensaje ya te decimos qué te conviene y qué no.
Contanos cuál de los tres querés hacer crecer.
Con tres datos alcanza para decirte qué te conviene: cuántas etiquetas tenés, si hacés visitas y si vendés al exterior. Si tu caso no justifica una tienda, te lo decimos antes de cotizarla. Escribinos cualquier día y a cualquier hora: te respondemos apenas lo vemos.
- Sin compromiso
- Te respondemos por WhatsApp
- Si no te conviene contratar, te lo decimos
Preguntas de una bodega
¿Cuánto cuesta la página web de una bodega en Uruguay?
Depende de cuáles de los tres negocios entren al sitio. Un sitio institucional que resuelva la bodega, los vinos y las visitas arranca en USD 680 + IVA. Si además vendés online, la tienda en Shopify arranca en USD 815 + IVA. Una landing sola, para una etiqueta nueva o una campaña de temporada, cuesta USD 390 + IVA, que es también nuestro mínimo en diseño web. Lo que mueve el número no es la cantidad de páginas sino la cantidad de canales: sumar reserva de visitas o una zona para distribuidores cambia el alcance mucho más que agregar diez vinos. El IVA aplica a clientes en Uruguay.
¿Conviene que mi bodega tenga tienda online propia o alcanza con vender por distribuidores?
Conviene si vas a sostenerla, y no conviene si no. Una tienda propia te deja el margen entero, te dice quién es tu cliente por nombre y te permite vender packs y regalos corporativos, que es donde está la plata del último trimestre. Pero exige stock actualizado, envíos, cobros y alguien que responda. Si hoy tu volumen está en distribución y no tenés quién atienda pedidos chicos, es mejor una página de producto impecable y un canal de contacto rápido, y montar la tienda cuando haya quien la sostenga. Es una de las primeras cosas que conversamos, y bastante seguido termina en un proyecto más chico del que se venía a pedir.
¿Qué datos tiene que tener la ficha de cada vino en la web?
Como mínimo, los mismos que ya definiste para la etiqueta, puestos en campos separados y no en un párrafo libre: variedad, año de cosecha, zona, volumen, graduación, guarda y nota de cata. Conviene tenerlos como campos fijos porque de ahí salen después los filtros por variedad y añada, los packs y la ficha técnica que descarga un importador, y porque el buscador entiende mucho mejor un dato que un párrafo. Nosotros no redactamos ni validamos lo que la norma exige de tu etiqueta: eso lo resolvés con quien corresponde. Lo que hacemos es que la web repita fielmente lo que la etiqueta ya dice y que lo pueda editar tu equipo.
Quiero vender visitas a la bodega desde el sitio. ¿Eso es una tienda?
No: una visita es una agenda, no un carrito. Lo que se reserva es un día, una hora y una cantidad de personas, y eso tiene reglas propias, como el cupo, el mínimo y el máximo por grupo, la anticipación y las cancelaciones. Se puede resolver con reserva en línea o con un formulario bien hecho, y las dos opciones son legítimas según el volumen que manejes. La regla que sí es innegociable es una sola: que la agenda que ve el visitante sea la misma que ve la bodega. Dos calendarios paralelos terminan siempre en una sobreventa un sábado de marzo.
¿La web sirve para conseguir importadores o distribuidores del exterior?
Sirve, pero no como tienda: sirve como respaldo. El importador no compra online, y lo que necesita es otra cosa que casi ningún sitio del rubro le da: fichas técnicas por producto, fotos de botella en alta resolución y fondo limpio, datos de añada y de capacidad, y una persona con nombre a quien escribirle. Cuando eso está resuelto, la web deja de ser una vidriera y pasa a ser la carpeta de presentación que se manda en un enlace. Conviene además que ese contacto no caiga en el mismo buzón que las consultas de estacionamiento, porque es el visitante que menos veces entra y el que más plata mueve.
¿En qué momento del año conviene rehacer el sitio de una bodega?
Entre mayo y agosto. De enero a abril están la vendimia y la temporada alta de visitas: es la peor ventana del año para pedirle contenidos, fotos y decisiones a la bodega, porque no va a haber nadie disponible. En el invierno baja el turismo, hay tiempo para producir material y llegás con el sitio cargado a diciembre, que es cuando arranca todo de nuevo. Como referencia de esa ventana: según los datos de cierre difundidos por el INAVI, la vendimia 2026 terminó el 3 de abril. Un proyecto de web para bodega que arranca en enero llega tarde a algo, casi siempre a la temporada que quería aprovechar.
¿Ustedes se ocupan de los trámites ante INAVI o del registro de enoturismo?
No. Bioma es una empresa de soporte tecnológico para PYMEs: no damos asesoría legal, contable ni técnica sobre habilitaciones, no gestionamos inscripciones y no dictaminamos si tu bodega cumple con algo. La inscripción de empresas ante el INAVI y la inscripción en el Registro de Operadores Turísticos del Ministerio de Turismo se hacen ante esos organismos y su información oficial está en sus portales. Lo nuestro empieza después: que lo que ya resolviste se refleje bien en la web, que la ficha de cada vino diga lo mismo que la etiqueta y que tu equipo lo pueda cambiar sin llamar a nadie.
Mi bodega ya tiene sitio pero está desactualizado y no lo puedo tocar. ¿Qué hago?
Es el caso más frecuente del rubro y no siempre termina en rehacer. Lo primero es saber qué hay: quién figura como titular del dominio, dónde está alojado, sobre qué está construido y si alguien de la bodega tiene los accesos. Esa revisión cuesta USD 90 + IVA y termina en un informe escrito que queda para vos, sirva o no para contratarnos. Con eso en la mano se decide si conviene recuperarlo y mudarlo a algo que puedas editar, o si sale más barato rehacerlo. El detalle de cómo se cotiza cada camino está en la página sobre cuánto cuesta arreglar una página web rota.
Hasta dónde llega lo que hacemos
Bioma es una empresa de soporte tecnológico para PYMEs, no una agencia de marketing ni un estudio jurídico. No damos asesoría legal, contable ni enológica, no gestionamos habilitaciones ni registros y no dictaminamos si una etiqueta, una promoción o una venta cumplen con la normativa aplicable: eso se resuelve con los profesionales del rubro y con los organismos competentes. Lo nuestro es la parte que vive en la web y en la pieza gráfica: que esté bien hecha, que diga lo mismo que ya está aprobado y que la pueda operar tu equipo sin depender de un programador.
Leer el detalle
Las referencias normativas de esta página se citan con su fuente y su fecha de consulta, y son un resumen orientativo, no un texto legal: los decretos y las resoluciones se modifican, así que verificá siempre contra la fuente oficial vigente antes de tomar una decisión. No hay acá porcentajes de conversión, promesas de ventas ni casos inventados; los únicos números son nuestros precios y los datos publicados por los organismos que se citan. Última actualización: 9 de setiembre de 2026.